Los Vengadores: El viejo orden cambió – En realidad, no tanto

Para entender Los Vengadores: El viejo orden cambió hay que tener en cuenta que la historia es una excusa. Es una historia que tendría que haber acontecido antes para que Mark Waid pudiera utilizar a uno de los personajes que aparece, que de hecho introduce, en su nueva etapa al frente de los Héroes más poderosos de la Tierra. Pero, a diferencia de lo que hizo Grant Morrison en Batman, que supo encontrar mil detalles y personajes en la historia editorial del Caballero Oscuro, Waid no ha encontrado algo como lo que buscaba y ha decidido inventárselo en una historia editorialmente paralela a su nueva etapa al frente de la serie central y enmarcada en el pasado, en aquellos primigenios días en los que los Vengadores fundadores decidieron abandonar el equipo dejando solo al Capitán América con tres antiguos criminales, Ojo de Halcón, Mercurio y la Bruja Escarlata.

Para aquellos que disfruten de la intrahistoria del cómic, aquel cambio radical en la alineación del grupo fue una decisión de Stan Lee para vivir más feliz. Su universo compartido estaba creciendo tanto que era imposible coordinar lo que sucedía en Los Vengadores con lo que tenía lugar en las series individuales de Thor, Iron Man o Hulk. ¿Cuál fue su solución? Sacarles del grupo. Waid, en ese sentido, opta por una solución igual de cómoda pero un poco más tramposa. El viejo orden cambió, sí, pero cambió más en los 60 de lo que lo hace ahora. Ahora no cambia tanto porque, en el fondo, el truco que emplea Waid para poner las bases de su historia central es sencilla a más no poder. Entretenida, ojo, porque pocos saben cómo hacer una historia de superhéroes clásica como él, pero demasiado sencilla para lo que se podría haber conseguido.

Vengadores, uníos… o no

La manera en la que Waid podría haber conseguido que El viejo orden cambió fuera una historia verdaderamente trascendente tendría que haber profundizado mucho más en las ideas con las que arranca. Sin los Vengadores originales, la percepción de la gente, del público, es que el grupo ha perdido poder. Esto es la excusa para que entre en juego Cressida, una joven que tiene la habilidad de potenciar las habilidades de cada héroe y que (demasiado) rápidamente se gana la confianza de los Vengadores e incluso un puesto en el equipo. Y ahí pierde protagonismo el tema que parecía que iba a ser principal, esa falta de confianza del equipo liderado por el Capitán América como relevo de garantías para la alineación original, y todo se centra en Cressida. Así que la historia que tendría que explicar la cohesión de los Vengadores pierde fuerza.

Waid, en todo caso, sabe llevar la historia, sabe darle ritmo, y sabe incluso manejar a los personajes de la forma más básica. Se echa en falta algo de psicología en el Capitán América, pero sí que sabe aplicar lo más básico de las personalidades de los otros miembros del grupo para que ayuden a la historia. Sobre todo se nota que disfruta con la altanería de Ojo de Halcón y con el diferente carácter de los dos hermanos mutantes, de sus diferentes necesidades y anhelos al formar parte de los Vengadores. Al final queda una historia simpática, resultona, deudora de aquellos tiempos originales del universo Marvel creado por Stan Lee pero que parece ser un entretenimiento más casual que trascendente porque se cuenta un poco con el freno de mano echado.

El clasicismo de Barry Kitson

Puede que, en el fondo, eso sea una consecuencia del ánimo de Waid de honrar una época que tuvo lugar hace tanto tiempo, pero hay que reconocer que el objetivo de Barry Kitson es el mismo y el resultado en la faceta gráfica es mucho más notable. Kitson respeta los diseños de antaño, y aunque se nota que Cressida es un personaje mucho más moderno, da gusto ver cómo se desenvuelve para hacer que El viejo orden cambió sea una excusa perfecta para ver a los Vengadores en su forma más clásica, pero también a los Cuatro Temibles e incluso una larga lista de personajes del universo Marvel que hacen pequeñas apariciones en estas páginas.

No es que resulte nada memorable, pero sí tremendamente eficaz, porque Kitson sabe lo que hace, domina la presencia de un gran número de personajes en la viñetas y el despliegue de todos los diferentes poderes y habilidades, que son muchos, contribuye a que el espectáculo funcione. ¿Qué mejor forma de dejar en un segundo plano los defectos que pueda tener la historia? Puede resultar algo estático en algunos momentos, y no necesariamente en las escenas en las que no hay acción, pero en conjunto hay elementos de sobra para disfrutar con la forma en la que Kitson ejecuta el correcto guión de Waid.

Un buen complemento

No se puede perder de vista que El viejo orden cambió es, en realidad, un complemento. Habría tenido mucho más valor, y seguramente le habría dado más también a la actual etapa de Waid, si se hubiera publicado hace diez o veinte años. Tal y como nos ha llegado, tiene más valor editorial que narrativo. Pero, claro, son Waid y Kitson, tipos que conocen a la perfección cómo escribir y dibujar una buena historia de los Vengadores o de cualquier otro grupo de superhéroes, como de hecho ya hicieron, eso sí con un resultado mucho más brillante, en Liga de la Justicia. Año uno. Esta historia está lejos de aquella, pero se reconocen algunos elementos    de los que tan bien sirvieron a la Distinguida Competencia.

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