The Walking Dead: ‘The Damned’ – Crítica 8X02

Este texto contiene spoilers. ‘The Damned‘ continúa con la frenética acción y potentes dosis de adrenalina con las que empezó esta octava temporada. La única diferencia que tiene respecto al anterior episodio es que aquí va directamente al grano y no se da ningún tipo de explicación al espectador sobre lo que están tramando los protagonistas. En ese aspecto, la serie sigue avanzando a pasos agigantados sin pararse a dar pequeñas pinceladas de información acerca de lo que ocurre en esas elipsis temporales de las que se está sirviendo la serie a día de hoy.

No sabemos cuánto tiempo ha pasado desde el anterior episodio ni tampoco si el padre Gabriel sigue vivo, por ejemplo. Igual que desconocemos los lugares en los que se encuentran las comunidades aliadas a excepción de la unidad de Morgan, puesto que el sitio lo pudimos ver en la temporada seis con las primeras apariciones del nombre de Negan por la serie. Es por ello por lo que este segundo episodio nos ha dejado un poco confusos, pero no decepcionados.

 

Balazos a diestro y siniestro

Parece que The Walking Dead se tomó muy en serio las críticas recibidas en su pasada temporada por la falta de acción y el exceso de drama en personajes totalmente secundarios que lo único que hacían era rellenar trama para separar la llegada de Negan con el inicio de la guerra entre comunidades supervivientes. The Damned es un no parar de acción. Tanto es así, que no deja espacio entre escena y escena para tomarse un respiro y poder relajarse un poco para conocer las situaciones emocionales por las que están pasando los protagonistas. El episodio, como viene a ser costumbre en cualquier serie con cantidades grandes de personajes, se divide en diversas ramas. Cada una de ellas muestra las batallitas que se están desarrollando en diversas zonas del territorio para derrotar a los Salvadores. Pero esta vez, no hay el arco argumental de Negan, el villano, en contraposición con el de los buenos de la película. The Damned solo deja ver la trama principal de un modo parcial, ya que, aunque quede claro que Rick no lo tendrá nada fácil, no hay siquiera un plano de lo que el personaje de Jeffrey Dean Morgan está preparando para responder a lo que él considera una revuelta contra su mandato.

 

 

Lo que sí sacamos en claro de The Damned es lo que Mercy presentó como algo que, a priori, parecía muy lejano pero que quizás no lo está tanto, es decir, la posibilidad de que Rick muera en cualquier momento. Tan solo ha pasado un episodio desde que se dejó caer que Carl sería el nuevo protagonista si algo le sucediera a Rick, su padre y protagonista actual y absoluto. Y parece que esta vez no se andan con chiquitas, porque este ha estado al límite en una pequeña disputa con uno de los Salvadores y, después de que pareciera que se había salvado, la serie ha traído de vuelta a un personaje olvidadísimo y que dudo mucho que alguien se acordara de él; Morales. ¿Realmente hacía falta tirar de un personaje perdido, sin importancia y carente de interés para darle algo de vida al episodio? Teniendo en cuenta la cantidad de factores alternativos que podrían haberse aplicado por el simple hecho de tratarse de una serie de zombies, no. Ahora, como punto de cierta nostalgia por esos primeros pasos de Rick en el apocalípsis con ese primer grupo con el que tuvo contacto, se agradece que se recupere cierto contacto.

Aunque por, desgracia, este peligro de muerte, como viene siendo ya costumbre en The Walking Dead, se ve arrastrado a diversos personajes secundarios que tienen algo de relevancia en la serie -pese a que si murieran no pasaría nada- pero añade dramatismo a escena. The Damned no ha sido nada fuera de lo normal pero, por lo menos, ha hecho que el nivel del primer episodio se mantenga en pie y que el interés por la serie no haya decaído.

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