The Walking Dead: “Mercy” – Crítica 8X01

Este texto contiene spoilers. The Walking Dead ha regresado justo antes de Halloween, como ya viene siendo habitual. Después de una séptima temporada un tanto inestable y con demasiados altibajos, la serie de zombies inspirada en la figura fantástica creada por George A. Romero, el cual recibe un in memoriam al final del episodio, ha regresado de la mejor forma posible. Ofreciendo aquello que se espera de ella: un simple espectáculo de muertos vivientes, sangre y dosis, justas y necesarias, de serie B para darle ese toque sucio apocalíptico.

 

Mercy, el título del episodio que da el pistoletazo de salida a la octava temporada, ha supuesto un soplo de aire fresco para dejar de lado tanta subtrama y relleno de personajes secundarios que no iba a ninguna parte para, en cambio, ir directos a lo que nos interesa y así solucionar el pequeño cliffhanger con el que terminó la pasada season. La batalla contra Los Salvadores y El Santuario acaba de empezar y ya ha dejado pistas sobre el futuro de algunos personajes de cara a episodios posteriores. Aunque, no sin antes, arrancar con un tremendo homenaje a la escena que protagonizó Rick en el inicio de la serie para celebrar su centenar de capítulos. Ahora es Carl el que ocupa su lugar en escena calcando los mismos movimientos que realizó su padre años atrás, acompañado, por supuesto, de los mismos planos. Un diminuto pero brillante regalo para aquellos que seguimos esta loca aventura desde sus primeros pasos en televisión. Y, si permanecemos atentos al episodio, queda claro que esta escena no era solo un homenaje, sino que plantea la posibilidad de que Carl adquiera el protagonismo en un futuro no muy lejano. Idea que se subraya totalmente con un diálogo con Michonne y con le premeditada retirada de Rick cuando la guerra termine.

 

No podía haber empezado de mejor manera

Sería la manera más fácil de resumir a Mercy, como un inicio espléndido y sin fisuras que denota el cambio por el que ha pasado la serie desde que Negan salió corriendo de Alexandria y fue a esconderse a su ratonera. Sin embargo, The Walking Dead tiene a su público muy acostumbrado a un inicio fuerte, una primera mitad de temporada aceptable, y un desplomo final que deja la adrenalina acumulada por los suelos y las expectativas demasiado bajas para la siguiente temporada. Pero su fórmula sigue funcionando, Mercy es un ejemplo viviente de ello. Ojalá su modus operandi se haya visto tan cambiado como lo han hecho algunos de sus personajes. Empezando por Rick, que ahora está en modo Liam Neeson en Venganza. Ciertamente, es mejor un Rick así que no uno que se echa a llorar cada dos por tres y exagera y ridiculiza el concepto de drama hasta límites desconocidos. Por el momento, no está claro si Rick sobrevivirá o no, o quién le substituirá para cuando él no esté. Pero el simple hecho de que se plantee la posibilidad de que, el que hasta ahora ha sido protagonista, pueda morir, hace que las ganas por seguir la serie aumenten y la historia se mire con otros ojos. Las reglas del juego han cambiado.

 

 

Por lo que respecta a los demás personajes, a excepción de Negan, y dejando de lado que Jeffrey Dean Morgan es una mala bestia de la interpretación, pasan en su mayoría bastante desapercibidos. Actúan de forma comparsa en tanto que Rick remarca su liderazgo en lo que puede ser su última lucha por su ansiada libertad. A pesar de que Mercy regala un par de escenas con Morgan a la cabeza en las que se ve que ha abandonado sus ideas de pacifista y ha evolucionado hacia una corriente mucho más violenta. Del mismo modo, la trama abre una brecha en la trama con el padre Gabriel como vía, que ha jugado un papel similar por el que Eugene tuvo que pasar, y por el que sigue pasando a día de hoy. Aunque no es que tenga demasiada trascendencia ni importe en exceso debido al poco peso que ha recibido siempre el personaje. Por lo demás, Mercy ha sido un episodio 100 ejemplar en lo que a representación del subgénero zombie se refiere. Aplica las normas impuestas por el maestro creador del mismo y las moldea y adapta para reanimar una serie que, a priori, parecía muerta después de una séptima temporada regulera que no supo aprovechar la potente imagen de Negan como villano revienta-cabezas, puesto que se dedicó a transcurrir por caminos completamente ajenos a la historia principal. Los seguidores del género estamos de enhorabuena, The Walking Dead sigue viva, coleando y con mucho que contar -siempre y cuando se haga como es debido-.

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