Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza – Crítica

Crítica de Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza – 1977 – Dirigida por: George Lucas – Guión: George Lucas – Protagonizada por: Mark Hamill, Carrie Fisher, Harrison Ford, Alec Guinness, James Earl Jones . 

 

Hay algo aún más apabullante que enfrentarse a una piedra de toque cultural como Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza (de aquí en adelante, Star Wars a secas, que es su título original) y es escribir sobre ello. Pocas películas han sabido capturar la imaginación de los espectadores a lo largo de tantos años, de forma ininterrumpida, ni han generado tantos textos y estudios (eruditos o aficionados), pero es que hay pocas películas tan perfectas como ésta. El imperio contraataca se llevará siempre los galones de ser la mejor de la saga, pero fue rodada sabiendo muy bien en qué se había convertido el filme de George Lucas; hay por tanto un valor inmensurable en esta entrega, que surgió de la nada, con George Lucas contra todos: enfrentado al Gremio de Directores, a los productores e incluso a algunos de sus actores.

 

Star Wars Español Poster - Cinco79

 

Cuando veo Star Wars, saboreo la valentía de un hombre que escribió, produjo y dirigió como si aquel fuera su testamento y él fuera a morir después del estreno, algo que en sentido metafórico era cierto porque, de haber sido un fracaso, jamás hubiera podido volver a un plató. Pero no fue un fracaso. Era imposible que fracasara, porque Star Wars era la condensación y refinamiento de las formas en que nos contamos historias desde que dimos con un lenguaje con el que expresarnos.

 

La historia de siempre, pero distinta

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, la Princesa Leia (Carrie Fisher) es capturada por el temible Darth Vader (David Prowse con voz de James Earl Jones), el brazo ejecutor del Imperio Galáctico. Aunque ella es una diplomática, también es un miembro de la Alianza Rebelde, que posee los planos de la estación más temible, una capaz de reventar planetas, la Estrella de la Muerte. Como medida desesperada, Leia entrega los planos a un droide, R2D2 (Kenny Baker), que junto a otro robot, C3PO (Anthony Daniels), tiene que encontrar a Ben Kenobi (Alec Guinness), un jedi retirado.

 

Star Wars Original Cinco79

 

Poco imagina Leia que este acto de rebelión, y el destino, lleve a ambos droides hasta Luke Skywalker (Mark Hamill), un joven granjero que quiere ser piloto pero al que sus tíos retienen todo lo que pueden. Luke tendrá contacto con Kenobi y tras la muerte de sus familiares, se embarcará en una aventura que le llevará a conocer al contrabandista Han Solo (Harrison Ford) y a su compañero Chewbacca (Peter Mayhew) y que terminará con él convertido en héroe y piloto del ataque definitivo a la Estrella de la Muerte.

 

No hace falta decir más del argumento porque es bien conocido y ahí está también la grandeza de Star Wars, que es una película que todo el mundo ha hecho suya y que ha inspirado, más para bien que para mal, a las generaciones que han venido después.

 

El hombre detrás del mito de Star Wars

El mérito de George Lucas está en saber mezclar de todo, provocando dos efectos muy curiosos. El primero es que no hace falta poseer toda la cultura de la que bebe Star Wars para disfrutarla, de modo que es un western, una película de samuráis, una de aventuras, una fantasía parte new age y parte zen, una de ciencia ficción y una película bélica, pero que te calará igual tanto si son el tipo de películas que te gustan como si no. La segunda es que la combinación se hace siempre en serio, como si los elementos que aparecen en pantalla, desde los moradores de las arenas hasta los pequeños droides de mantenimiento que recorren los pasillos de las naves, hubieran existido siempre; una claridad de visión la de George Lucas que hoy, 38 años después, se ha revelado presciencia porque casi todo el mundo toma ya cada uno de los detalles de Star Wars como algo cotidiano.

 

Volviendo a ver la película, me di cuenta de que no hay un solo plano que no desborde imaginación, desde la localización hasta el atrezzo, desde el vestuario hasta los efectos especiales. Ver Star Wars es como abrir un regalo muy grande del que no paran de salir sorpresas, como viajar a un lugar recóndito donde lo extraño se hace familiar y lo familiar se presenta extraño. Conceptos como el de la Fuerza o estructuras como la Estrella de la Muerte han pasado a formar parte de nosotros, mientras que lugares ordinarios como el bar aparecen poblados por criaturas extrañas y con una música de fondo exótica.

 

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También percibí a un cineasta que lucha por equilibrar su faceta intelectual con la parte lúdica. Cuando George Lucas hizo THX 1138 (1971), Francis Ford Coppola, amigo personal e inspirador de Han Solo, le tachó de demasiado cerebral. No puedo evitar el recuerdo de esas palabras durante los primeros veinte minutos de Star Wars, con C3PO y R2D2 recorriendo el desierto, sin diálogos explicativos ni la sensación de que haya un destino claro: George Lucas sabe que su historia es un contínuo crescendo que terminará en una batalla colosal, y se permite el lujo de abandonar el ruido, de sugerir más que mostrar y narrar con un tempo más parecido al cinematografías foráneas. En estos veinte minutos, Lucas tiene a un angelillo cerebral en un hombro y a un diablillo comercial en el otro. Pero poco a poco, el director acelera,  la aventura se hace más y más grande, el angelillo y el diablillo se funden en un solo ente y la película se convierte en una experiencia personal.

 

Mucho más que cine

En el proceso de creación de Star Wars, George Lucas tomó de referencia a Joseph Campbell para saber cómo se han construido los mitos a lo largo de los siglos y poder crear el suyo. El viaje del héroe se muestra aquí punto por punto, pero el guión no se muestra telegrafiado como me temo que sufrimos a menudo, ahora que cualquier guionista empieza su camino leyendo a gurús como Robert McKee o Syd Field. De alguna manera, consigue que una historia que sabemos cómo va a terminar, y cuyos puntos hemos interiorizado de forma inconsciente, nos parezcan novedosos por completo. Y por el camino, consiguió crear algo que no hemos superado ni pretendemos superar, ni nos sentimos capaces de superar.

 

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Ayudan unos personajes entrañables que con el tiempo se han convertido en arquetipos, usados en películas posteriores una y otra vez. Mi favorito de todos ellos es el de la Princesa Leia, una mujer independiente, de armas tomar, capaz de que si dos patanes vienen a rescatarla, sea ella la que acabe rescatándolos. No os podéis imaginar lo extraordinario, casi subversivo, que supuso este personaje a finales de los años 70; tampoco os imagináis lo que me entristece percibir que su espíritu no está tan presente como debiera en el blockbuster actual. Tampoco podemos olvidar a Darth Vader, un villano carismático sobre el que toda la saga terminará pivotando pero que aquí se expresa como la destilación del mal… y la molonidad.

 

Es posible que te preguntes por qué Star Wars es un fenómeno mundial, con cientos de millones de adeptos y una capacidad de reunión que algunas religiones matarían por tener. Y la respuesta está en esta película. La primera vez que vi Star Wars, tuve la impresión de sumergirme en un mundo nuevo del que no quería salir. Eso es cine. Las siguientes veces que he visto la película, sentí que me reencontraba con viejos amigos, y a pesar de que la historia ya me la sabía, no me importaba porque anhelaba sentirla desde el principio. Eso es la magia del cine. Y cuando no soy un espectador de Star Wars, me basta con ver una imagen, o un muñeco, o escuchar su banda sonora, o simplemente con cerrar los ojos, para sobrecogerme con el recuerdo de lo que esta película me regaló. Y eso trasciende el cine: es mitología.

 


 

Si os ha gustado esta crítica, entonces no os podéis perder nuestro especial dedicado a la Saga Original de Star Wars, en el que analizamos las seis películas que preceden al Episodio VII, o como oficialmente se conoce, Star Wars: El Despertar de la Fuerza, la cual llegará a los cines el 18 de diciembre de 2015.

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.

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