Star Wars Episodio III: La venganza de los Sith – Crítica Sith

Crítica de Star Wars Episodio III: La Venganza de los Sith (2005). – Dirigida por: George Lucas – Protagonizada por: Ewan McGregor, Hayden Christensen, Natalie Portman, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson, Christopher Lee, Jimmy Smits.  Banda Sonora Original – John Williams. 

Star Wars_Episodio_IIl_La venganza de los Sith

 

Todo comienza con la llamada «Primera batalla de Coruscant«, sobre el planeta capital de la República. Los cruceros clase Venator se enfrentan a las fuerzas separatistas que amenazan el orden del régimen. El canciller Palpatine ha sido secuestrado por el conde Dooku y dos interceptores Jedi serpentean entre el caos de la batalla espacial con objeto de rescatarlo.

 

Dentro, como no, van los protagonistas: Anakin Skywalker y Obi-Wan Kenobi, flanqueado por una escuadrilla de cazas ARC-170 con objeto de entrar en la nave capitana del general Grievous, donde sospechan que se encuentra el canciller. Una vez dentro del destructor separatista clase Providence, y tras una escabechina injustificada de droides de combate que cumplían con su deber, y tras algún gag cómico, acceden a la plataforma superior del pináculo de popa y, allí, bajo orden del canciller, Anakin se deja llevar por su ira (pese a que es consciente de que no debería hacerlo) y decapita a un pobre Sith indefenso.

 

Anakin Vs. Dooku_La venganza de los Sith
Si alguien piensa que no es una ejecución a sangre fría, que lo diga.

 

Palpatine está extrañamente tranquilo, e intenta que Anakin no rescate a un incapacitado Obi-Wan. Pero, como el rescate no debe ser sencillo, un combate amura contra amura con un Venator daña gravemente el destructor y, en medio de la confusión de la batalla, el general Grievous apresa a los fugitivos. Éstos, en una nueva muestra de violencia gratuita, destruyen a todos los ocupantes del puente de la nave mientras el general separatista escapa y la nave se precipita contra el planeta.

 

Anakin se hace cargo de los mandos del cascajo en que se ha visto convertido el destructor separatista y, cómo no, consigue tomar tierra con él causando daños por valor de millones de créditos en el espaciopuerto en el que se estrella. Eso sí, salen ilesos.

 

Abróchense los cinturones...
Abróchense los cinturones…

 

Obi Wan alaba las capacidades de Anakin, y parte a informar al Consejo Jedi mientras este último se encarga de los asuntos políticos en el senado de la república. Obviamente, también aprovecha para reunirse con su embarazada esposa, Padme Amidala.  Entre tanto, el evadido general Grievous llega al planeta Utapau para recibir nuevas órdenes de Darth Sidious: llevar a los líderes separatistas al planeta Mustafar.

 

Volvemos a Coruscant, lugar en el que Anakin se enfrenta a premoniciones y problemas éticos, por lo que decide consultar al maestro Yoda, ya se sabe: «le pasa a un amigo». Posteriormente se informa del progreso de la guerra, y de la decisión de dar más poder al canciller Palpatine. Obi-Wan informa a Anakin sobre él, ya que ha solicitado su presencia. El canciller quiere contar con él para que sea su representante ante el consejo Jedi. En él se toma la decisión de que Yoda se encargará de defender Kashyyyk, el planeta de los wookies, amenazado por las fuerzas separatistas. Además, Obi-Wan pide a Anakin que vigile a Palpatine con objeto de informar al consejo.

 

Anakin consultando a Yoda sobre sus premoniciones.
Anakin consultando a Yoda sobre sus premoniciones.

 

Mientras que Yoda parte al frente, Palpatine mueve sus hilos para que el joven Skywalker vaya a detener al general Grievous a Utapau, y conspira para unir al Jedi para su causa usando retorcidos razonamientos. El consejo decide, en contra de lo que preveía el canciller, enviar a Obi-Wan a Utapau.

 

En Kashyyyk, acto seguido, estalla la batalla, y veremos a un joven Chewbacca al lado de Yoda. Y Obi-Wan, en Utapau, acaba de manera bastante rastrera con el general Grievous. El consejo Jedi, tras pedirle a Anakin que informe al canciller, conspira para retirarle el cargo a Palpatine.

 

Chewbacca y Yoda observando el campo de batalla con el Kashyyyk-trooper correspondiente.
Chewbacca y Yoda observando el campo de batalla con el Kashyyyk-trooper correspondiente.

 

En este momento, mientras Anakin informa a Palpatine, éste se le revela como… Y hasta aquí podemos leer (aunque todos vosotros, queridos lectores, sepáis ya a que me refiero).

 

Un lazo Sith para cerrar la trilogia

 

Esta película, al igual que las dos precedentes, es digna hija de su tiempo: acción, golpes cómicos, y un ritmo rápido para satisfacer a los espectadores. Pero, pese a sus detractores, cierra bien la saga permitiendo la preparación del terreno para el enlace con el episodio IV: una nueva esperanza. Es en esta película en la que veremos el ocaso de la orden Jedi y la destrucción del templo, el significado de la «orden 66», el nacimiento de Luke y Leia, la génesis de Darth Vader, el exilio de Obi-Wan y Yoda… Todos los elementos que conforman el universo de Star Wars tal y como lo conocimos en 1978.

 

Vista de Coruscant con el templo Jedi de fondo tras el paso de Lord Vader.
Vista de Coruscant con el templo Jedi de fondo tras el paso de Lord Vader.

 

Sin embargo, rompe la épica de la saga en algunas escenas, como aquella en la que Darth Sidious acaba con cuatro grandes maestros Jedi: Kit Fisto, Saese Tiin, Agen Kolar y el propio Mace Bindu de una manera bastante tonta (sobre todo a los tres primeros que, pese a distinguirse en el manejo de la espada, no duran nada), o la artificial mutación de humano a Sith según van permitiendo que el lado oscuro los domine, o lo demasiado manipulable que resulta Skywalker. Y eso sin contar la mutilación de Darth Vader, hecha en un sólo e imposible movimiento en el que, al mismo tiempo, le corta ambas piernas y un brazo. O el casi anecdótico papel de Nathalie Portman en esta película.

 

De izquierda a derecha: Saese Tiin (ikotchi), Agen Kolar (zabrak), Mace Bindu (humano) y Kit Fisto (nautolano).
De izquierda a derecha: Saese Tiin (ikotchi), Agen Kolar (zabrak), Mace Bindu (humano) y Kit Fisto (nautolano).

 

Pero estos datos anecdóticos no desmerecen una fotografía muy bien escogida aderezada con un alarde de efectos especiales que resultan en tomas majestuosas y espectaculares, que son los que hacen que el espectador, sea defensor o detractor de esta trilogía, no pueda despegarse de la pantalla. Y eso sin contar con momentos muy destacables entre lo épico y lo trágico, como ese en el que, mientras se ejecuta la orden 66, Yoda lo va percibiendo y se escucha, de fondo, un réquiem compuesto por John Williams mientras vemos caer a poderosas figuras como Ki-Adi-Mundi, Aayla Secura, Plo Koon… O esa otra escena: «Maestro Skywalker, ellos son muy numerosos. ¿Qué podemos hacer?» No se ve nada, pero se adivina todo.

 

La maestra Jedi Aayla Secura a punto de sufrir la "orden 66".
La maestra Jedi Aayla Secura a punto de sufrir la «orden 66».

 

Otro dato importante con respecto a la trilogía original es que conoceremos al senador Bail Organa, y el origen de su filiación con la causa terrorista rebelde en el futuro.

 

Y no cerraremos sin referirnos a una de las cosas más decepcionantes de «La venganza de los Sith»: su final. De acuerdo, la saga queda bien cerrada, pero el final no es todo lo épico que cabría esperar y resulta, incluso, decepcionante: la muerte de los líderes separatistas (¿resulta tan sencilla, de verdad, aunque se cuente con el elemento sorpresa?), el discurso final del canciller en el senado (¿de verdad son tan manipulables cientos de sistemas galácticos por un mero discurso?), el problema de raccord al acelerar los acontecimientos (en el tiempo que Anakin emplea para ir a Mustafar y acabar con su misión, Obi-Wan se encuentra con Bail Organa, acude al templo Jedi a sabotear una transmisión, va a interrogar a Padme y se dirigen ambos a Mustafar), los absurdos discursos antes de comenzar las luchas Jedi-Sith (y durante ellas, que es peor), o el nacimiento de Lord Vader tal y como lo conocemos ahora (con ese «¡NOOOOOOOO!» que tantos memes ha inspirado). Si un momento que debería resultar trágico ha servido para inspirar viñetas cómicas… Algo ha salido mal.

 

Darth Vader recién creado en pleno momento de negación de la realidad.
Darth Vader recién creado en pleno momento de negación de la realidad.

 

Y, por cierto, veremos cómo el Imperio se instaura en una votación democrática y abierta, siguiendo las estrictas normas de la legislación republicana. Es, por ende, legal, y garantiza la paz y la justicia en la galaxia. Prueba palpable de que el posterior movimiento rebelde obedece a intenciones golpistas y terroristas contra un régimen establecido legalmente (aunque con ciertas intrigas de por medio, eso sí, exactamente como en un sistema democrático real).

 

Palpatine y Yoda departiendo sobre el sentido de la democracia en la república.
Palpatine y Yoda departiendo sobre el sentido de la democracia en la república.

 

En fin, que todo termina como tiene que acabar para que dé comienzo la trilogía original. Y, como he dicho antes, pese a los flecos mencionados, consigue cerrar de manera eficaz esta saga que ha dado lugar ya a un spin-off (Star Wars Rebels) en televisión y a otro (Kanan: el último padawan) en cómic.

¿Qué opináis vosotros?

 


 

Si os ha gustado esta reseña, no os perdáis el resto de críticas de las seis películas originales que preceden a Star Wars: El Despertar de la Fuerza, más conocido como Star Wars Episodio VII entre el fandom.

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Francisco J. Illescas Díaz

Redactor nacido en el 75, sin más. Maestro de titulación y vocación, mas no de oficio; amante de la Historia y las buenas historias; cronista más que literato; redactor más que escritor e incansable investigador y lector; catedrático apócrifo de sarcasmo y sofística; discípulo de mucho... Y freak de primera generación.

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