Star Wars Episodio II: El ataque de los clones – Crítica

Crítica de Star Wars Episodio II: El ataque de los clones (2002). – Dirigida por: George Lucas – Protagonizada por: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Ian McDiarmid y Samuel L. Jackson. –  Banda Sonora Original: John Williams. 

 

Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma se llevó palos, pero Star Wars Episodio II: El ataque de los clones vino a demostrar que no todo estaba perdido. Continuamos con nuestro especial de críticas dedicadas a las seis películas anteriores que preceden a Star Wars: El Despertar de la Fuerza, el Episodio VII que llegará a los cines estas navidades.

 

El Episodio II ayudó a calmar los ánimos respecto al Episodio I: si la primera tenía un tono de fábula, mezclada con una excesiva cháchara política, esta segunda evoluciona a una trama mucho más oscura y que preparará el camino para una tercera entrega que no puede tener de ningún modo un final feliz.

 

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La senadora Padmé Amidala (Natalie Portman) sufre varios intentos de asesinato, y durante el transcurso del último, el Caballero Jedi Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) y su padawan Anakin Skywalker (Hayden Christensen) no sólo consiguen frustrarlo, también encuentran la pista de una conspiración impensable. Se divide así la trama en dos partes, con ocasionales subtramas que ayudan a perfilar el complicado entramado político de la República Galáctica: por un lado, la investigación de Obi-Wan, y por el otro, la labor de Anakin de proteger a Padmé.

 

El camino hacia las Guerras Clon

Hay que decir que Star Wars siempre ha funcionado mejor cuando se dedica a fusionar géneros con la ciencia ficción, de ahí que la parte de Obi-Wan en medio de una investigación detectivesca ayude a soportar el tedio, igual que la vergüenza ajena de ver a Anakin y Padmé tonteando como adolescentes. El logro de George Lucas de mostrar un ambiente de serie negra en un mundo, a priori tan luminoso, como el de las precuelas de Star Wars, me hizo reír incluso por su audacia: la conversación en la cafetería, los dobles sentidos en Kamino… Pero no sólo recuerda a aquellas por traer una serie de clichés a su película, también por llegar hasta el final con ellos: esta investigación empieza con una pregunta muy sencilla (¿por qué pretenden asesinar a la senadora?) y termina en un lío político que, en este caso y para desgracia de nuestros héroes, sólo puede acabar en una guerra.

 

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Es este punto el que hace del Episodio II uno de los más tenebrosos de la saga junto a El imperio contraataca, y eso que empieza de forma muy ñoña. No obstante, George Lucas no saca la oscuridad de la nada, sino que nos desvela que siempre estuvo ahí, oculta. Está decidido a mostrar paso a paso cómo una República Democrática puede convertirse en un Imperio, y el detalle con el que se narran los subterfugios de Palpatine (Ian McDiarmid), aunque tediosos en ocasiones, consiguieron confundirme sin que me sintiera estafado. Hay una escena en la que el Conde Dooku (Christopher Lee) tiene el valor de hacerse pasar por inocente al desvelar las maquinaciones de Darth Sidious… ¡cuando al final se ve que trabaja para él!

 

Si este Episodio II es trágico es porque el mal ya ha hecho jaque mate, pues controla ambos bandos de la guerra para asegurar la victoria: ¿qué validez tiene entonces el heroísmo en una guerra sin justos? Las palabras finales de Yoda, escalofriantes, subrayan esta tesis del argumento, y la respuesta es que en tiempos bélicos sólo queda la integridad de cada uno. En ese sentido, y por muy mal que caiga Anakin, hay que reconocer que su desarrollo como Jedi te deja en vilo porque, maldita sea, sólo es un pobre diablo con una responsabilidad demasiado pesada: traer el equilibrio a la Fuerza.

 

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Pero más allá de las jugarretas de guión, George Lucas volvió a demostrar su valía como director, en especial en el tramo final de este episodio. Empieza con un combate en un coliseo, con Anakin, Padmé y Obi-Wan luchando por salvar su vida de bestias que recuerdan a las ilustraciones de ciencia ficción añejas, cuando aparecen los Caballeros Jedi, que no tardan en verse superados por el ejército droide del Conde Dooku. Todo parece perdido… cuando las tropas clon hacen frente a los droides y salvan el día. Esta escalada, desde una batalla sencilla hasta el comienzo de una guerra, se produce de forma orgánica, con una docena de protagonistas, y lo mejor es que a Lucas no pierde nunca el hilo ni de sus acciones ni de su posición. Es más, vuelve a sus tiempos mozos al tomar como ejemplo escenas de guerra como inspiración para las escenas de la película, como ese tremendo ascenso en nave junto a Obi-Wan y Anakin mientras naves amigas son derribadas a su alrededor.

 

Puede que la nueva trilogía de Star Wars se haya devaluado en la memoria del fan, y en ocasiones se lo merece, pero sería injusto negarle sus logros, que en este Episodio II son muchos. Vista hoy, El ataque de los clones es una película visionaria, tanto por el uso de los efectos especiales como por la advertencia que lanzó a sólo un año de la Guerra de Irak: cualquier sistema pacífico está a un Palpatine de un Imperio.

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.