Spiderman: Entre los muertos – El peso de la identidad secreta

Si algo ha distinguido a Spiderman durante décadas es su identidad secreta. No solo por el hecho de tenerla, por ver a un Peter Parker sufriendo en el día a día y compaginando su ya difícil vida con la del Trepamuros, sino por el hecho de que poco a poco se fue sumando gente que conocía esa doble vida. Dicho esto, volvamos atrás unos cuantos años, hasta 1973. Las complicaciones con esa identidad secreta, descubierta por el Duende Verde mucho antes, derivaron hacia una de las historias más dramáticas de la historia del personaje, la de la muerte de Gwen Stacy. ¿Cómo solventar ese problema? Matando también al Duende Verde. Pero Norman Osborn, la identidad bajo la máscara del villano, sobrevivió. ¿Cómo conviven un superhéroe con un gran secreto y un villano que conoce ese secreto? Complicado, ¿verdad? Con esa premisa, bienvenidos a Marvel Knights, bienvenidos a Entre los muertos.

Por completar los antecedentes, Marvel Knights fue un sello que, a finales de los años 90, contribuyó decisivamente a salvar a Marvel de la quiebra. Fue una apuesta de Joe Quesada para autores de renombre pudieran utilizar a los personajes fuera de la continuidad. No al modo de los Otros Mundos de la Distinguida Competencia, simplemente sin tener en cuenta las restricciones de la serie regular. Y eso es lo que dio lugar a Entre los muertos. Mark Millar coge la cuestión de la identidad secreta y la machaca, consigue una suerte de duelo definitivo, épico y grandilocuente entre Spiderman y el Duende Verde y lo reviste de un aire de gran superproducción cinematográfico como entonces no se había visto nunca. Curioso, ¿verdad? Entonces nos pareció la película perfecta por incluir a todo bicho viviente en la mitología de Spidey y hoy criticamos hasta la saciedad una película que incluye tres villanos.

Millar, en su salsa

El caso es que para Mark Millar esto es un caramelo sabrosísimo, el escocés se encuentra literalmente en su salsa libre de los grilletes de la continuidad para construir una historia poderosa, espectacular y en la que no falta ninguno de los grandes temas que sirvieron para construir la leyenda de Spiderman durante décadas. La identidad secreta es, por supuesto, la clave. Ese ha sido siempre el gran temor de Peter Parker. ¿Qué pasaría si algún villano la descubriera y la usara en su contra? Pero no pensemos solo en las consecuencias directas, porque Millar no se detiene solo en ellas. ¿A quién podría recurrir Spiderman si su vida privada estuviera comprometida en un mundo en el que ningún superhéroe sabe que Parker es quien se oculta bajo la máscara?

Eso reduce sus apoyos a dos, Mary Jane y la Gata Negra. Y sí, hay una contraposición increíble entre las dos grandes damas, con permiso de Gwen Stacy, que han ocupado el corazón de nuestro héroe. Otro gran tema sobre la mesa, que además le sirve tanto a Terry Dodson como a Fran Cho para exhibir su poderío a la hora de dibujar formas femeninas. Pero es que también tenemos a J. J. Jameson y su obsesión con Spiderman, la eterna preocupación por la Tía May, una galería de villanos explorada hasta el más mínimo detalle y con un realismo increíble para saber qué papel ocupan algunos de sus integrantes en la escala de amenazas de Spiderman. Y sí, hay mucho combate, mucha épica y alguna que otra reminiscencia del pasado, de grandes historias pretéritas del personaje, que Millar se atreve a reconstruir.

Dodson oscuro, Cho alucinante

Con todo lo dicho anteriormente, sobra decir que estamos ante una historia de Spiderman bastante adulta, violenta y oscura. Y ahí Terry Dodson se mueve bastante bien. Dodson, en todo caso, es un dibujante peculiar, que en una viñeta nos quita el aliento y en otro nos puede dejar descolocados con un gesto en algún personaje que no termina de funcionar. Nada en contra de su trabajo aquí, porque es sobresaliente desde el terremoto inicial hasta el contundente clímax definitivo, pero tiene un enemigo evidente en Frank Cho, que dibuja dos números de los doce que componen este espléndido arco argumental y que deja un sabor de boca alucinante. Sus personajes son más realistas, sus mujeres precisamente por eso son todavía más sensuales y su Spiderman es increíblemente clásico.

Salvando ese detalle, nada menor, es cierto que el dibujo de Dodson también se disfruta mucho. No es muy habitual encontrarnos con el tono que imprime a la historia, con lo que disfruta utilizando las sombras y con la violencia que se atreve a desplegar en sus páginas. Sus revisiones de algunos personajes, con un color mucho más siniestro para el Buitre, con un Venom más cercano al terror que el mundo del superhéroe y un Duende Verde más tenebroso que nunca en sus expresiones, se sienten como si fueran los personajes de toda la vida, incluso sabiendo que nos estamos moviendo desde el principio en un mundo alternativo. Eso es lo que pasa cuando se hacen los cómics de una manera tan competente.

Un blockbuster en toda regla

Si pensáramos en el cómic como lo hacemos en el cine, este sería el blockbuster en toda regla que muchos aficionados habían soñado durante años sobre Spiderman. Ahora ese pensamiento ha cambiado, y queremos en el cine la concreción que durante años tuvimos en el cómic. Pero Millar, Dodson y Cho tuvieron la suerte de dar a luz Entre los muertos en el momento perfecto, cuando el cine todavía empezaba a satisfacer nuestros sueños y cuando el cómic todavía aspiraba a encontrar escenarios nunca vistos anteriormente. Pero cuando hay tanto talento, esas historias que nacen en el momento perfecto se mantienen frescas, vivas, inteligentes y trepidantes durante muchos años más. Entre los muertos está en esa línea, porque leído hoy de nuevo, más de una década después, mantiene el mismo vigor de entonces.

Panini publica Spiderman. Entre los muertos al precio de 25 euros.

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