Regreso al Futuro II – Crítica con motivo del 30 aniversario

Regreso al Futuro II es posiblemente la entrega más emblemática de la trilogía de Regreso al Futuro. Estrenada cuatro años después del estreno de la primera parte, en 1989, es la película que más ha calado entre el público. Pero la elección de la crítica con la que hoy abrimos la mañana no es casual. Si bien recordáis, hoy es 21 de octubre de 2015, la misma fecha en la que Doc Brown (Christopher Lloyd) y Marty McFly (Michael J. Fox) viajaron al futuro para evitar el fatídico destino del clan McFly.

 

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Para conmemorar está efemérides ficticia, hoy se celebra el Back to the Future Day, fecha que Universal ha aprovechado para la ocasión y hoy diversos cines de todo el mundo proyectarán la trilogía en sus pantallas. En España, en concreto, Cinesa proyectará las tres películas. Pero, además, una nueva edición conmemorativa de formato doméstico, DVD y Blu-Ray, saldrá a la venta también hoy.

 

Regreso al Futuro II, la secuela más brillante

 

Después de El Imperio Contraataca, y con permiso de esta, Regreso al Futuro II es la segunda parte más impresionante de la historia del cine. Existen varios motivos para apoyar esta afirmación. El primero de ellos es que esta película supuso el terreno de pruebas para tecnología digital que posteriormente se aplicó a otras películas. En este caso hablamos de la cámara VistaGlide motion, que permitía que un mismo actor pudiese interpretar en una misma secuencia a varios personajes, interactuando estos entre sí, sin tener que cambiar de cámara ni modificar el objetivo. Esto, tiempo después, se ha podido aplicar a otras películas cuyos efectos digitales han corrido de manos de ILM (Industrial Light and Magic), responsables de los efectos especiales de Back to the Future part II.

 

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Por otro lado, Regreso al Futuro II mantiene unos paralelismos argumentales similares a la anterior película con el tema de los viajes en el tiempo y el contraste entre épocas. Así, si la primera parte establecía una comparativa entre 1985 y 1955, esta segunda lo hace entre 1985, 2015 y una versión alternativa de la primera (además de un reprisal de la década de los 50). Pero lejos de situarse únicamente en una década pasada, expande sus horizontes entre idas y venidas a distintos periodos.

 

De este modo, el reflejo que ahora miramos, en primera instancia, es el de los utópicos 2015, con tecnología aún ni siquiera descubierta en nuestra realidad, como coches y patinetes voladores o cirugías estéticas que incluyen la revitalización del organismo, que hace rejuvenecer a una persona treinta años por dentro y por fuera. O, lo que viene a ser lo mismo, la idea de lo que América confiaba en convertirse tres décadas después del estreno de Regreso al Futuro II.

 

Pero alejándose de este fantasioso reflejo, la película nos ofrece una segunda visión: la de unos alternativos años ochenta, depravados y controlados por un insufrible y violento millonario, Biff Tannen (Thomas F. Wilson), quien aprovechándose de la máquina del tiempo, ha convertido el hogar del que proviene Marty en un exponente de lo peor de los ochenta. Esto podría interpretarse como un ejercicio de autocrítica por parte del director, señalando los vicios inherentes de la década de los ochenta, no tan deslumbrantes como se nos mostraban en la película original.

 

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Para adornar este desarrollo de la historia y estos pequeños guiños, Robert Zemeckis y Bob Gale recuperan y mantienen para su guion elementos propios de la anterior entrega como son los autohomenajes a la continuidad histórica entre épocas. A pesar de haberse estrenado en 1989, cuatro años después de la película original, todas las referencias, incluso las anecdóticas, continúan, mostrándonos cómo la historia y la trama se entrelazan al paso de Doc y de Marty.

 

Regreso al Futuro II es, además, la entrega más ambiciosa de la saga, ambientándose en cuatro épocas bien distintas (contando la versión oscura del 1985 alterado y gobernado por Tannen). Cada una de estas épocas queda bien diferenciada, no solo por su ambientación, la cual cuenta con una gran riqueza de decorados y localizaciones, sino que también los diseños de vestuarios bien diferenciados logran crear las atmósferas adecuadas para cada momento.

 

Pero no os perdáis tampoco a los actores. Aunque Crispin Glover y Elisabeth Shue no regresaron para encarnar a George McFly y a Jennifer, el padre y la novia de Marty, la cinta salió a delante con mucha dignidad gracias al viejo reparto y con  Jeffrey Weissman y Claudia Wells como sustitutos de Glover y Shue. A pesar de estos cambios, la continuidad no chirría y se mantienen bastante bien. Quizá precisamente para que los espectadores no notasen estos reemplazos, la presencia de sus personajes es anecdótica y apenas se hace notar. Sin embargo, y aunque Michael J. Fox y Christopher Lloyd siguen siendo las principales estrellas de la cinta, Thomas F. Wilson nos regala unas interpretaciones maravillosas de su Biff y Griff Tannen (abuelo y nieto, respectivamente), siendo estos dos personajes una pareja de villanos tan memorable como despreciable.

 

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Sin embargo, a pesar de todas estas bondades, Regreso al Futuro II tiene un sabor agridulce. Al ser la segunda película de una trilogía, queda en cliffhanger, en suspenso, en espera de continuación. Para muchos, la espera para ver cómo concluye la historia, a día de hoy solo es cuestión de unos minutos, lo que se tarda en cambiar de disco o de cinta. Sin embargo, aquellos que la vieron originalmente en cine hubieron de esperar unos meses, casi un año, para que Regreso al Futuro III, la conclusión, llegara a la Gran Pantalla. Y creednos, tal y como acaba Regreso al Futuro II, esta espera debió de ser, sin duda laguna, especialmente larga.

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Jesús Delgado

Periodista, friki y cinéfilo. Devoro libros, películas, cómics y todo lo que se me pase por delante. Co-fundador de Cinco 79