Regreso al Futuro – Crítica del 30 Anivesario

Regreso al Futuro celebrará el  21 de octubre, su 30º aniversario. Distintos cines de Cinesa proyectarán en sus salas una maratón de la emblemática trilogía cinematográfica de Robert Zemeckis. Además, ese día también sale a la venta una nueva edición en DVD y Blu-Ray de ésta con la que se conmemoran las tres décadas de existencia de las películas y en las que figurará un nuevo corto en el que regresa Doc.

 

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Desde Cinco79 queremos rendir homenaje a la saga Regreso al Futuro hablando de la película original, aquella estrenada el 3 de julio de 1985 en Estados Unidos y protagonizada por Michael J. Fox, Christopher Lloyd y Lea Thompson.  Y es que si algo se puede decir de Regreso al Futuro, incluso treinta años después, es que ha envejecido demasiado bien. Hay películas que con el paso del tiempo decaen, se ajan e incluso pierden esa magia que las hacía especiales en su momento. Regreso al Futuro no tiene ese problema en absoluto. Nadie diría que esta película de culto, reconocida como una de las grandes de la historia del cine, empezó como poco menos que un proyecto de serie B.

 

Para entender la historia de Regreso al Futuro debemos volver al año 1980. Por aquel entonces Bob Gale y Robert Zemeckis escribieron conjuntamente una historia de ficción inspiradas en dos hechos personales de sendos autores bastante curiosos. El primero versaba acerca de qué hubiera pasado si Gale hubiera retrocedido en el tiempo y se hubiera hecho amigo de su padre cuando éste aún estaba en el instituto; el otro acerca de la promiscuidad juvenil de la madre de Zemeckis, quien ya en su mediana edad aseveraba jamás haber besado a un chico en el instituto. El dúo aunó estas dos ideas pariendo un guión que presentaron ese mismo año a diversos estudios bajo la premisa de «un adolescente viaja atrás en el tiempo, conoce a su madre de joven y ésta se enamora de él».

 

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No es de extrañar que estudios como Columbia o Disney declinaran el proyecto y durante varios años la película quedara en el congelador. No sería hasta después de haber rodado En busca del Corazón Verde que Zemeckis tendría la oportunidad de hacer realidad el proyecto, esta vez bajo la protección de Steven Spielberg y su Amblin Studios para la Universal Pictures.

 

El resto, como suele decirse, es historia y está llena de anécdotas, como que Michael J. Fox no fue el primer Marty McFly, sino Eric Stoltz, y que tras un mes de rodaje se hubo de cambiar de protagonista y volver a rodar las escenas de nuevo; o que Christopher Lloyd declinó el papel en un primer momento, pero que luego cambió de idea a instancias de su esposa… En fin, detalles con los que podríamos llenar un libro entero.

 

¿Pero qué es lo que hace especial a Regreso al Futuro? ¿Por qué la queremos tanto y no nos cansamos de verla? A esa misma cuestión queremos ir a parar.

Regreso al Futuro,  nuestro amor de los 80

 

Regreso al Futuro es, posiblemente, la película más especial de su década. Pero además es la más representativa de ésta, lo cual la convierte en un punto fijo en la historia del cine y de la cultura popular. No se puede entender esta película sin entender los ochenta y la otra década que toma como referencia y contrapunto, la de los felices años cincuenta.

 

La película arranca retratando perfectamente el periodo histórico inicial, en los primeros años de la era de Reagan, desde la música y la vestimenta hasta los coches y las expectativas de la juventud. En este aspecto, Marty McFly (Michael J. Fox) es el perfecto reflejo adolescente medio de la época y también un representante del cambio de mentalidad estadounidense tras los derrotistas años 70. Perteneciente a una clase media baja, Marty aspira al sueño americano de fortuna y felicidad, pero una serie de situaciones familiares pasadas, que escapan a su control, le lastran inexorablemente como heredero y prolongador de un linaje de mediocres. O eso nos hacen creer…

 

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De este modo, Marty se ve arrastrado al pasado, como todos ya sabéis, cuando el experimento de su amigo Doc Brown (Christopher Lloyd) se malogra, lo que le hace viajar tres décadas al pasado y conocer a sus padres. De este modo, Marty, un hijo de la América triunfalista de Reagan, de la recuperación económica, de la sociedad libre y capitalista que ha pasado por un Watergate y un Vietnam, regresa a la edad dorada de su país, aparentemente más inocente.

 

Si bien la elección no es casual (treinta años de diferencia exactos para que la edad del protagonista y sus padres case), sí resulta tremendamente afortunada, ya que se establece el brutal contraste del que hablamos entre la gran sociedad neoliberal de los ochenta y la América conservadora, pero feliz, de los cincuenta. Esto es un marco idóneo que refleja dos de las etapas más brillantes y optimistas de la historia reciente de los Estados Unidos. En este aspecto, la construcción de la historia acierta en el blanco, apuntando a dos etapas históricas perfectamente reconocibles, con señas de identidad y características propias.

 

De hecho, aunque haya diferencias, la historia de Regreso al Futuro juega precisamente con que la historia está relacionada entre sí y cada hecho tiene una causa y un efecto. Los guiños a la propia trama de esta película (y sus posteriores secuelas) plagan prácticamente cada fotograma de la cinta, cimentando un universo que funciona como un reloj bien engrasado.

 

Al margen de las alabanzas que pueda recibir la construcción de la historia, el guión debe también aplaudirse al contar con una excepcional serie de diálogos que han pasado a día de hoy a formar parte del imaginario colectivo, convirtiéndose en coletillas o citas que cualquier cinéfilo de medio pelo conoce (sí, ‘¡Qué fuerte, Doc!’, como diría Marty). Pero además, se le debe reconocer a Christopher Lloyd su granito de arena, gracias a que muchos de los diálogos de Doc Brown son de su propia cosecha, improvisaciones y morcillas que difícilmente pueden detectarse, salvo que tuviéramos el guión delante.

 

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Y hablando de los actores: el reparto resulta tremendamente excepcional. Desde un Michael J. Fox que venía de hacer sitcoms y el citado Lloyd, hasta Crispin Glover y Lea Thompson, quienes interpretan a los padres del protagonista en tres versiones distintas de sí mismos. Y eso sin olvidar a Thomas F. Wilson, ese Tannen al que dan ganas de abofetear independientemente de en qué contexto y década nos encontremos.

 

Gracias a todos ellos, Regreso al Futuro está sembrada de momentos, secuencias e interpretaciones excepcionalmente buenas para una película que poco menos podría considerarse en su concepción como un título de serie B. Ahora bien, no se le debe quitar tampoco mérito al director de Regreso al Futuro, Robert Zemeckis, quien consigue mantener el ritmo a lo largo de toda la película, dejándote respirar, aliviado porque la situación se resuelve, en los últimos momentos de la cinta. Y eso es algo que no todos los directores (sobre todo en los últimos años) logran con sus películas.

 

No se debe olvidar tampoco a Alan Silvestri, quien se hubo de esforzar por hacer su tema todo lo épico y grandilocuente que pudiera para impresionar al hombre que paga todo: Steven Spielberg. Este último no veía con buenos ojos a Silvestri y el compositor hubo de sacar lo mejor de sí mismo. ¡Y vaya si lo hizo! ¿Quién a día de hoy no reconoce la tonadilla detrás de la película?  Paralelamente, se ha de hacer notar que si bien Huey Lewis & The News compusieron varios temas para esta película, solo llegamos a escuchar uno durante toda ella: Back in Time, una canción que hace justicia a Regreso al Futuro, ya que precisamente trata el tema principal de los viajes en el tiempo.

 

 

Por último, cabe señalar que los efectos especiales son de los que mejor han sabido llevar el paso del tiempo. Independientemente de si vemos Regreso al Futuro en VHS o en formatos digitales, la calidad de las secuencias que implican el uso de estos efectos siguen siendo muy resultonas. Posiblemente, con remasterizaciones, la calidad visual sea no solo más nítida, sino también más creíble, muy a pesar de no ser en modo alguno necesarias.

 

En resumen, el 8,7 que la crítica americana le dio en su día a Regreso al Futuro sigue siendo una nota merecidísima. Estamos ante un título que ha aguantado como la obra de arte que es los treinta años que la separan de su estreno. Siendo honestos, no creemos que aguante otros treinta, sobre todo si los rumores de reboot se cumplen, a pesar de lo peregrinos que suenan. De hecho, como ocurre con películas como ¡Qué bello es vivir! o Casablanca, Regreso al Futuro es una película de su tiempo y no podría entenderse ni hacerse si la sacáramos de ese hermoso contexto histórico que la dio a luz.

 

 


 

 

 

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Si esta crítica os ha dejado con ganas de más, entonces abrochaos los cinturones, porque allá a donde iremos con la próxima crítica no necesitamos carreteras…

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Jesús Delgado

Periodista, friki y cinéfilo. Devoro libros, películas, cómics y todo lo que se me pase por delante. Co-fundador de Cinco 79

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