Planeta Hulk – La excusa como germen de algo grande

Cuando Marvel se planteó su Civil War tomó una decisión espléndida, sacar de la ecuación a Hulk. Y lo hizo de una manera inteligente, razonándolo a través de las mentes más prodigiosas de su universo. Hulk es pura fuerza, rabia incontrolable, poder absoluto y su presencia en uno de los dos bandos en conflicto desequilibra cualquier balanza. Por eso no podía tomar parte en este enfrentamiento entre superhéroes. Y aunque hay cierta ingenuidad en el punto de partida, como por otra parte suele ser habitual, Planeta Hulk, que así se llama la historia que nos cuenta lo que hacía el gigante esmeralda, el resultado es muy gozoso. Y no es frecuente que una excusa dé como resultado una historia grande, reconocible y carismática, hasta el punto de saltar al cine… en la película de otro personaje, en este caso Thor. Ragnarok.

Pero vayamos por partes. De alguna manera, o quizá solo sea una ilusión de un viejo fan, Planeta Hulk es una actualización de los viajes del personaje en la década de los 70 al mundo subatómico de K’ai, aquel en el que encontró a Jarella, uno de sus grandes amores. Puede que sea también una suerte de continuación espiritual, como explica Julián Clemente en la introducción del libro, del exilio al que fue sometido Hulk en La Encrucijada, ya en los años 80. Es de suponer que Greg Pak tuvo estas referencias en la cabeza cuando iba construyendo este enorme viaje, esta gran epopeya de ciencia ficción en la que se convierte este relato, que además nos zambulle en temas fundamentales para comprender a Hulk, empezando por esa necesidad que siempre ha sentido de que lo dejen solo y en paz. Esa, aunque parezca otra cosa, es la base de Planeta Hulk.

El viaje de Cicatriz Verde

En esta historia, a Hulk se le conoce como Cicatriz Verde. Solo por saber inventar un nuevo apelativo para el personaje que tenga tanto carisma y personalidad, Planeta Hulk ya merece la pena. Ya en serio, en lo que Pak sobresale, con una naturalidad inmensa, es en la forma en la que construye el viaje. El escritor moldea a Hulk sin traicionarle. Le da el don de la inteligencia del que normalmente carece para que su odisea pueda ser, efectivamente, la de un elegido, un libertador, un héroe, un general. Hulk es todo eso mientras sigue pensando en su anhelo de encontrar la soledad que frustra el error de cálculo de Reed Richards y Tony Stark a la hora de enviar a la bestia a un planeta desierto (¿habíamos dicho ya que hay que tener ingenuidad para creerse algunos aspectos del relato?).

La clave, de todos modos, está ahí. Lo que leemos es todo un viaje. Uno intenso, que pasa por estadios emocionales muy diferentes y al que se van sumando una gran cantidad de personajes que evolucionan junto a Hulk. Nunca queda claro del todo cuánto tiempo pasa desde que el gigante esmeralda se sube a bordo de la nave que le va a alejar de la Tierra y el momento en el que se va a producir su regreso. Y da igual. Pero parece toda una vida. Narrar eso sin perder ritmo tiene su mérito. Convertirlo además en una enorme epopeya de ciencia ficción hace que la satisfacción sea todavía más grande. Coronarlo, al fin, con una manera tan hermosa de hacer que Hulk y solo Hulk pueda ser su protagonista es lo que eleva el listón hasta una altura sobresaliente.

Ciencia ficción, superhéroes y monstruos

No hay que perder de vista, por tanto, que este es un cómic de superhéroes. Hulk lo es, pese a su carácter de monstruo que jamás va a perder (¡y que no lo pierda!). Pero es ciencia ficción de la grande. El dibujo de Carlo Pagulayan y Aaron Lopresti, los dos ilustradores principales que se dejan ver en esta historia, entiende ambas cosas. El diseño de personajes como Miek o Caiera Antiguafuerza apuntalan la espectacularidad de la obra, dan un sentido a las grandes escenas de combate y, sobre todo, ayudan a equilibrar las diferentes almas del relato. Hulk nunca deja de ser ni un héroe, ni una bestia, ni un ser humano, porque los secundarios ayudan en ese papel.

Es verdad que la identidad del mundo en el que acontece el relato no es demasiado pronunciada. Quizá ni siquiera Pak, Pagulayan o Lopresti le dan a ese aspecto una entidad lo suficientemente importante, una personalidad demasiado acusada, pero todo es bastante eficaz en su tarea fundamental, apoyar todo lo que cuenta Pak. A saber: ciencia ficción, superhéroes y monstruos. Nunca dejamos de tener esos tres elementos y nunca termina de imponerse ninguno de ellos a los otros dos. ¿Y no es así como se construye una buena historia de Hulk?

Un tebeo que no va a envejecer

Pensad en John Carter convirtiéndose en el héroe de Marte, en Máximo pasando de esclavo a libertador en Gladiator, y en todas esas historias inmortales sobre un mártir a su pesar en un escenario que le es extraño y en el que acaba siendo encumbrado, y trasladadlo al universo de Hulk. Eso es Planeta Hulk. Un disfrute descomunal que guarda muchas sorpresas y que da la sensación de que es uno de esos tebeos que, siendo un éxito puntual y propio de su tiempo, porque en su momento rescató a Hulk de un letargo intenso, no va a envejecer nunca por muchos años que pasen y por muchas veces que se lea.

Panini publica Planeta Hulk dentro de su línea Marvel Integral al precio de 39,95 euros.

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