La imposible Patrulla-X: La saga de Fénix Oscura – Un cómic que se graba a fuego

Hay títulos cuya simple mención basta para que todos prestemos atención. No habrá mucho debate en considerar La saga de Fénix Oscura como uno de esos títulos. Los perros viejos hemos leído la historia mil y una veces, y en todas ellas nos ha parecido uno de esos relatos brutales que se graban a fuego, nunca mejor dicho, en nuestra memoria. Chris Claremont y John Byrne lograron aquí el clímax épico de una etapa brillante que coronó su magnífico trabajo en La Patrulla-X. Suena a tópico, pero los X-Men de hoy no serían lo que son si esto no hubiera visto la luz en los años 70. No es ninguna exageración, tal es su importancia en los mitos mutantes de Marvel que el cine está a punto de asomarse por segunda vez a este relato.

La Patrulla-X (¿cómo resistirnos a llamarla así si estamos ante uno de sus relatos clásicos más trascendentes?) siempre ha tenido tintes dramáticos. No fue nunca la historia de un grupo de héroes, sino de unos parias. Desde que la alineación original, esa que en realidad nunca llegó a ser un éxito rotundo, dio paso a la nueva generación abanderada por Lobezno, Tormenta, Coloso y Rondador Nocturno, la cosa cogió fuerza. Pero, amigos míos, lo que Claremont y Byrne hicieron en su larga etapa se salió de las tablas. La imposible Patrulla-X se convirtió en sus manos en un drama brutal que, además, esconde muchas cosas que igual pueden pasar desapercibidas en primera instancia.

Lo nuevo y lo viejo de la Patrulla-X

Con estas advertencias previas, llega el momento del análisis. Y ahí podemos ver que lo que hoy conocemos como La saga de Fénix Oscura se orquesta en torno a tres grandes momentos. Primero, el enfrentamiento entre la Patrulla y el Círculo de Fuego Infernal. Después, el nacimiento de Fénix Oscura y su explosión violenta y asesina. Y finalmente, el dramático enfrentamiento en la Luna con los guerreros Shi’ar con la vida de Jean Grey en juego. Y entre medias de todo esto vuelve el profesor Xavier, conocemos a personajes como Emma Frost, Dazzler y hasta Kitty Pride, y vemos el regreso de toda la Patrulla original salvo el Hombre de Hielo. Lo nuevo, lo viejo, lo atrevido y lo nunca visto, todo se junta en unas páginas de ritmo trepidante de las que es imposible separarse.

La clave está en la fusión que hay entre el ritmo y el drama. Es un cómic de superhéroes en estado puro, de eso no hay duda. Además, uno como se hacían antes. Hay mil amenazas que no paran de acechar a nuestros protagonistas. Pero hay también violencia, visible y soterrada. ¿Cómo entender si no es desde la esfera más íntima lo que Jason Wyngard le hace a Jean Grey? ¿O la tortura a la que Emma Frost somete a una semidesnuda Tormenta? ¿O, claro está, el grito de las miles de vidas segadas por Fénix que escucha Jean en su cabeza? Y su final, claro, final que dio para tantos ríos de tinta que en esta edición explican en primera persona sus responsables en dos textos muy necesarios para entender el contexto en que llegó esta historia.

Podríamos analizar La saga de Fénix Oscura desde incontables puntos de vista, pero Jean es, lógicamente, la clave de todo. Los bocadillos de pensamiento, que ahora se llevan tan poco, eran fundamentales entonces para entender una historia como esta, en la que no sólo tenemos una telépata, lo que da sentido a esta narrativa, sino que además buena parte de la información que recibimos tiene que ver con el vínculo psíquico que Jean establece con Scott por amor. Y es que La Patrulla-X siempre tuvo mucho de culebrón y Claremont y Byrne supieron explotar esa faceta como pocos.

John Byrne dibujante, palabras mayores

Luego, claro, entramos en el terreno del Byrne dibujante, y hablamos también de palabras mayores. El siempre polémico autor, a veces a su pesar, estaba en uno de los mejores momentos de su carrera cuando llegó La saga de Fénix Oscura. Quizá sólo en Los 4 Fantásticos mostró el mismo nivel de sobresaliente regularidad que enseño en La Patrulla-X. Y Fénix es un a caramelo demasiado goloso como para no saborearlo. En realidad, todo, porque hasta los momentos más intrascendentes ayudan mucho en la historia.

Si alguien quiere reprocharle algo, como durante mucho tiempo pareció deporte universal, siempre se puede decir que su versión de Emma Frost, pese a ser la primera, dista mucho de ser la mejor. Pero hay que hilar fino para encontrar fisuras al Byrne de los 70, uno que sabía hacernos cambiar de la dulce Jean a la siniestra Fénix con una facilidad pasmosa, que jugaba con los personajes vestidos de superhéroes con la misma facilidad que los mostraba en ropa de calle, lo que resulta fundamental en una serie como esta.

El legado de un tebeo inigualable

No, hay mucho de lo que dudar en estas míticas páginas. En realidad, ¿para qué? ¿De qué nos sirve cuestionar lo que es un tebeo espléndido? Es uno que se puede leer del tirón y con una velocidad de vértigo, pero también analizando cada pequeño detalle. Claremont y Byrne trazaron una radiografía maravillosa de cada mutante que tocaron, y en estos números está contenido todo lo bueno que legaron a un tebeo que en aquellos momentos resultaba inigualable. Y el caso es que, como decíamos, se lee hoy y funciona con la misma intensidad. Tebeazo.

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