Ms. Marvel. Claremont la convirtió en Capitana

La industria del cómic es hoy una en la que los estudios de mercado y el marketing tienen un papel tan importante o más que el ingenio creativo de los autores, pero no siempre fue así. Hoy sería impensable, al menos en una gran editorial y con un personaje a explotar por el cine, una serie como Ms. Marvel, cambiante desde el principio, sin un rumbo definido, y aún así espléndida en muchos sentidos. Esto debía ser una versión femenina del Capitán Marvel que encajara en el mundo de Spiderman y que tuviera los problemas de doble personalidad de Hulk. Pero entonces llegó Chris Claremont y acabó con todo eso para que Ms. Marvel dejara de ser un juguete roto o una heroína derivada y se convirtiera en uno de los personajes femeninos que tan bien ha escrito siempre, para que fuera, sencillamente, Ms. Marvel.

La verdad es que Claremont llegó muy pronto a Ms. Marvel, cogió el testigo de manos de Gerry Conway apenas en el tercer número de la serie, pero le costó algo más ir soltando todo el lastre con el que el personaje consiguió su propia serie. Porque las segundas lecturas son peligrosas en Ms. Marvel y no pasa nada por reconocerlo. ¿Una mujer que arroja sobre sí misma dudas sobre su estado mental? ¿Una que además recibe castigos físicos frecuentes en peleas en las que casi siempre empieza perdiendo? ¿Una que acaba perdiendo su propia mente para quedarse encerrada en el cuerpo de Pícara? ¡Si hasta le despojan prisionera de su traje para dárselo a otra mujer! No, no sería un personaje fácil de manejar con el ruido contemporáneo de las redes sociales.

Claremont reafirma a Carol Danvers

Y el caso es que Claremont nos deja clarísimo desde el principio que Ms. Marvel nunca estuvo loca por el siempre hecho de ser mujer, que era prácticamente el mensaje subliminal que desprendía el concepto inicial, y la reafirmación de su personalidad era algo necesario para que encontrara un carácter moderno. Esa es la gran aportación de Claremont, además de una identidad propia. El escritor supo ver que Carol Danvers no necesitaba supeditarse a nadie para tener éxito y le dio aventuras propias en un entorno que no necesitaba compartir con nadie más, aunque fueran frecuentes las incursiones de otros personajes Marvel.

Claremont consiguió que nos olvidáramos de los enormes agujeros que tenía la historia, de lo mucho que tardamos en conocer el origen de los poderes que adquiere Carol o de las ya mencionadas trabas con las que nació la serie. Y casi como quien no quiere la cosa, la definición más moderna de lo que supone la actual Capitana Marvel está ya en estas páginas, su vinculación con el Capitán Marvel y su herencia Kree, su afiliación a los Vengadores y su afinidad con Iron Man o incluso su labor de espionaje que hila su destino al de SHIELD, todo se puede ver en estas inaugurales. Y hasta el cambio de traje, que a lo mejor no dependía enprimera instancia de Claremont pero que en el segundo caso sí justificó con un monólogo inicial de Carol. No, no está nada mal lo que consigue para los años que han pasado desde su publicación.

Dibujantes ilustres y dos cambios de uniforme

El viaje al pasado se completa con el estilo de dibujo que ofrece el volumen. Y se disfruta porque hay nombres muy buenos, sobre todo artistas eficaces. Empezamos con un gran John Buscema que apenas dibuja los tres primeros números, seguimos con un Jim Mooney imaginativo en la puesta en escena y que aporta un lenguaje corporal bastante eficaz a Ms. Marvel, que se convierte por número de páginas y por resultado en el dibujante principal de la serie, Keith Pollard apenas dibuja un número para dejar paso a otro clásico, Sal Buscema, antesala de otro interludio en manos de Carmine Infantino, que en su regreso se queda con el jugoso encuentro con el Capitán Marvel. Y el salto al nuevo uniforme de la protagonista lo damos de la mano de Dave Cockrum y Mike Vosburgh.

Entre todos nos llevan a un tebeo clásico, eficaz, bien hecho, diversión superheroica de la de antaño, antes de que el género se revolucionara en los 80. Lo más llamativo, al margen de los aciertos narrativos, es el vestuario de Ms. Marvel. El diseño inicial, tan llamativo como impensable en una simulación real, muestra de unos tiempos en los que importaba mucho más la sensualidad y la estética que la comodidad. Pero se va a arreglando mientras asistimos a dinámicos combates y, sobre todo, a la forja de una heroína de las que da gusto ver en cualquier circunstancia, sola o rodeada de otros personajes emblemáticos de Marvel.

De Ms. a Capitana

Puede que no sea una de las grandes series del Marvel de los años 70, o al menos una de las que todo el mundo citaría si se hablara de lo más granado de aquella época. Puede que haya muchos elementos que hagan de esta una serie irregular. Puede no hay que olvidar lo complicado que era entonces que una superheroína se abriera camino en un mundo que sí, con los estándares actuales, era bastante machista. Carol Danvers lo consiguió, aunque fuera durante un breve espacio de tiempo, y lo que recopila este volumen integral es, en realidad, el camino que recorrió para pasar de ser Ms. Marvel a convertirse en la Capitana Marvel, aunque al final de estas páginas no se hubiera terminado del todo esa metamorfosis. Y eso tiene mucho valor.

Panini Comics publica Ms. Marvel dentro de su colección Marvel Gold al precio de 39,95 euros.

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