Mística: Contra natura – Una mala no tan mala

Hay algo divertido en ver a los buenos de menos buenos y a los malos de menos malos. Ese movimiento hace que nos salgamos de la zona de confort en la que los personajes, aunque sean fieles a sí mismos, queden encajados en lo previsible. Y eso en la ficción puede llevar al aburrimiento. Si hay algo que le gusta a Brian K. Vaughan es, precisamente, saltarse esas fronteras. Y allá por el comienzo del siglo, antes de que nos enganchara con Saga y cuando el escritor ya nos tenía pendientes de las aventuras de Y, el último hombre, aprovecho el siempre ambivalente mundo de los mutantes de Marvel para darnos una muestra de esos principios. Eso es Mística, la historia de una villana en la que no es la mala y donde actúa, de partida, al dictado de los buenos.

La carta de presentación de la serie es buena porque, antes incluso de arrancar, ya tiene elementos que permiten pensar en una aventura interesante. Es verdad que a Vaughan se le escapa un poco la pretensión de buscar misterios de esos que se van a resolver cinco o seis números más adelante, porque es una fórmula que hoy en día está muy manida y que entonces era la norma, pero no se puede decir que haya algo fallido en el planteamiento. Xavier recluta a Mística para ir donde su cruzada no puede ir. Y Mística usa ese salvavidas para ser libre de nuevo. Mística es, de muchas maneras, un personaje misterioso, y Vaughan parece entenderla bastante bien, jugueteando con su forma de ser y con su manera de sentir, más que de pensar. Y es que Mística, sin planes elaborados por ella misma, funciona muy bien reaccionando con visceralidad, en caliente y en el momento.

Un cómic de su época

La cuestión es que es un cómic muy de su época. Y lo es por lo que se hacía en el mundo de las viñetas, herencia directa de los siempre complicados años 90, pero también de lo que se cocía en el mundo audiovisual, en la televisión por encima de todo, medio en el que surgieron no pocas heroínas de acción que surcaban de un lado a otro de la legalidad. ¿Qué hace Mística diferente? Buena pregunta, una que no tiene una contestación fácil porque, en el fondo, también es la obra entre comillas menos ambiciosa de Vaughan en estos tiempos. Mística no tiene el tono rompedor de su etapa en La Cosa del Pantano, la sorpresa de la mencionada Y, el último hombre o la complejidad social de Ex Machina.

No es casualidad que todos los títulos que hemos mencionado se alejen del mundo del superhéroe. No es que Vaughan no lo domine, pero es obvio que le interesa menos. Por eso Mística, sin ser la joya de la corona de su bibliografía, encaja bien en ella. Y la historia que leemos es irregular, pero nos ayuda a entender a Mística en diferentes facetas de su vida. Si eso podemos decirlo de un cómic irregular, es fácil entender por qué Vaughan tiene la fama que tiene, merecida, de ser un espléndido narrador de historias tremendamente originales. Mística nos deja elementos de sobra para mantenernos entretenidos y, cuando tiene dudas, incrementa el ritmo, mete peleas cargadas de adrenalina y personajes muy extremos. Así hace avanzar las cosas.

Noventeros Jorge Lucas y Michael Ryan

Si la historia es propia de su época, se puede decir casi lo mismo del dibujo de Jorge Lucas en los primeros números y de Michael Ryan en los siguientes. Ambos, sobre todo el primero, podrían ser casi tildados de noventeros.

Recordemos que los años 90 fue aquella época en la que el cómic de superhéroes entró en una deriva visual bastante espectacular, en la que las mujeres lucían curvas imposibles, los hombres musculaturas inexistentes y todo alcanzaba un grado de exageración que rozaba lo grotesco. Pero Lucas, en cambio, coge lo bueno de los 90 y Ryan nos permite dar el salto al siglo XXI. Sin ser un dibujo apabullantemente notable, sí que es verdad que entiende esas claves noventeras y las lleva a su terreno de una manera más que positiva.

¿Por qué? Porque Mística es sexy y peligrosa, como tiene que ser, porque su poder metamorfo se ve de maravilla en estas páginas y porque todo lo que construye la historia, los lugares exóticos y la tecnología, se adapte a lo que Vaughan quiere narrar, sin imponerse ni borrar sus propósitos. Ahí sí se ve el equilibrio que le puede faltar al escritor por esa ambición tan de su tiempo de tener siempre que mostrar misterios a largo plazo para tratar de contentar al lector. Cuando Vaughan se alinea con Lucas y deciden mostrarnos a Mística aquí y ahora, la serie es mucho más interesante.

¿Contra natura?

Y el caso es que, siendo totalmente cierto que Contra Natura es un título perfecto para el volumen por todo lo expuesto hasta ahora, no se tiene la sensación de que realmente estemos yendo en contra de la naturaleza de Mística. Y eso, en un personaje abiertamente ambivalente y cambiante en tantos sentidos también tiene su mérito. Buen retrato, buena acción y buena historia. Sin alardes, sin estridencias, sin tener la sensación de estar cambiando el mundo, pero entreteniendo cuando tiene que hacerlo, cuando se están pasando sus páginas.

Panini publica Mística. Contra Natura dentro de Marvel Collection al precio de 25 euros.

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