Los Vengadores: Todo muere – Puro Hickman

Cuando uno escribe como lo hace Jonathan Hickman, es casi imposible evaluar una parte de su historia. Porque lo de Hickman es una historia. Una larga, meditada, planeada con mimo y en la que nunca hay una parte que parezca más importante que la anterior o la siguiente. Hickman es un estratega como hay pocos en el cómic contemporáneo. Y a él se le encargó la tarea de llevar a los Vengadores hasta las nuevas Secret Wars. Todo muere no es más que la primera pieza de este gigantesco rompecabezas que, si sirve de referencia, aumenta exponencialmente la escala de los acontecimientos con respecto a la ya un tanto inabarcable pero genial de etapa de Hickman al frente de Los 4 Fantásticos.

Esa, quizá, sea la mejor referencia para abrazar esta etapa con el entusiasmo que merece, y no como una simple extensión de lo que Marvel Studios han hecho por los Vengadores en la gran pantalla. Hickman sabe aunar esas dos percepciones de una manera compleja y brillante. Y la escala. La escala es impresionante. Lo es porque a Hickman no le detiene nada y su apuesta es salvaje. Enorme. Parece una frase hecha, pero no lo es. El escritor recoge lo que Brian Michael Bendis hizo y lo utiliza como arma, no como freno. Por eso engancha con tanta facilidad, porque ni siquiera el uso del Guantelete del Infinito supone un final en lo que Hickman imagina.

Hickman exige mente abierta

Ahora bien, ¿tenemos en este primer volumen todas las claves para entender los Vengadores de Hickman? En absoluto. Estamos ante uno de los momentos más ambiciosos de la ya masiva historia de los Héroes más Poderosos de la Tierra, y lo vemos en cada página, en cada diálogo, en cada relación que se establece, en la manera en la que se rompe con facilidad la frontera clásica entre el héroe y el villano, en la forma en la que se pone a prueba la percepción que teníamos de los personajes, sea el heroísmo del Capitán América, la determinación de Pantera Negra o la ética de los Illuminati que en primer lugar ya condujo a los eventos de la primera Civil War.

En otras palabras, Hickman pide, más bien exige, entrar con mente abierta a una historia que ya desde sus primeras páginas se antoja larga y compleja. Incidamos sobre todo en lo segundo. A Marvel siempre le ha gustado jugar con sus personajes, haciéndoles menos buenos o menos malos cuando la historia lo requería. Quizá el punto de inflexión fuera Vengadores desunidos y el papel que le reservaron a la Bruja Escarlata, pero ahora hay que saber jugar con la ambivalencia para escribir a los Vengadores. Y en ese terreno, Hickman se muestra con un tipo firme y seguro, que siempre nos va a hacer dudar y, al mismo tiempo, disfrutar. Aún sabiendo que se nos pueden estar escapando la mitad de las cosas.

Oscuridad de Epting, luz de Opeña

No deja de resultar curioso que un escritor tan personal como lo es Hickman sirva de cobijo a dos dibujantes tan distintos como Steve Epting y Jerome Opeña. Tiene su gracia, además, porque cada uno de ellos, al cargo de cada una de las dos series de Vengadores que engloba esta etapa, aporta cosas diferentes. A Epting le toca la parte más oscura, siniestra y conspirativa. A Opeña la más aventurera, la ciencia ficción pura y dura. Epting se encarga de las mentes pensantes, de la intriga, de lo que se ve que tiene objetivos a largo plazo. Opeña, de lo inmediato, de lo realmente entretenido en el aquí y ahora.

La mezcla, espléndida. No puede ser de otra manera, porque los dos son muy buenos. Y en todo momento se tiene la sensación de que estamos leyendo algo que quiere ser grande. Hickman eso lo tiene clarísimo, es un escritor ambicioso, pero sus tebeos, ya de por sí interesantes, no dejan de mejorar cuando además coincide con ilustradores que entienden sus propósitos. Epting y Opeña sacan todo el partido de los personajes que les toca manejar y aportan la suficiente personalidad como para que se note que estamos en dos fases diferentes de un mismo evento. Y, qué demonios, se nota que se lo pasan en grande.

El futuro

Lo que juega en contra de un tebeo de Hickman, sea el que sea, se trate de su última historia de superhéroes o de sus creaciones personales, está precisamente en que tiene tantas vistas puestas en el futuro que puede confundir en el presente. No parece el caso en sus Vengadores, a los que da elementos de sobra para como para que el disfrute inmediato sea tan alto como las expectativas, pero es una fina frontera que no siempre es fácil de manejar. No es que Hickman sorprenda en ese sentido, porque hoy en día todo el mundo sabe qué marco general cabe esperar cuando el escritor anda de por medio. Pero nunca está de más advertir que sus Vengadores son puro Hickman.

Panini publica el primer volumen de Los Vengadores de Jonathan Hickman dentro de su serie Marvel Now Deluxe al precio de 20 euros.

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