Lobezno. Origen – ¿La más grande historia por contar?

La historia más grande que Marvel jamás había contado. Eso quería ser Lobezno. Origen, y tiene su lógica. Desde que Logan se convirtió en parte integral e imprescindible de los X-Men, el misterio era un elemento necesario para entender al personaje. No se sabía realmente quién era o de dónde procedía, y la mezcla entre sus habilidades mutantes y sus garras de adamantium rozaba una perfección de la que Marvel y especialmente Chris Claremont supieron sacar todo el partido posible. Pero el marketing se apoderó también del mundo del cómic y el reclamo de esta historia jamás contada era demasiado poderoso como para ser ignorado. Bill Jemas, presidente entonces de Marvel, fue el que incitó a Joe Quesada a dar este controvertido y peligroso paso, aportar a Lobezno ese pasado que desconocíamos y que siempre debatiremos si ayudó o perjudicó al personaje.

La clave de Origen, de hecho, está en ese debate. El cómic como tal es bastante irreprochable, es una buena historia de amores, venganzas y tragedias que podría entenderse sin dificultad como el amanecer heroico de Marvel emnezclafo con el tono de las novelas de Charlotte  Bronte o Jane Austen. Hay buenos personajes, un buen escenario, giros bastante apreciables y un drama bastante logrado. ¿Pero como origen de Logan? Ahí es donde podremos lanzarnos argumentos a la cabeza de forma interminable. La base es buena, y hay que reconocer que Paul Jenkins y Andy Kubert lo dieron todo para que apenas se pudieran encontrar fisuras. Como diría aquel, un gran poder conlleva… Y esa responsabilidad es tan grande que quizá es su mayor amenaza.

Base del Lobezno que siempre fue

Al margen de ese debate, Jenkins convierte su historia en una tragedia de dos actos. La primera le sirve para desencadenar el primer poder mutante de Logan, sus garras. La segunda le pone en el camino de convertirse en el personaje huraño y malencarado que siempre fue. Sería absurdo pensar que Jenkins tenía la obligación de mostrarnos todo lo que configura la personalidad de Lobezno, y de hecho no lo hace, pero sí nos deja las bases imprescindibles. El Logan de los números finales tiene mucho que ver con nuestro Lobezno de toda la vida, sin necesidad de uniformes de micra amarilla o de otros elementos que ayudaron a configurar al personaje desde su integración en el grupo mutante más famoso.

Esa distancia es, de hecho, lo más complicado de manejar. Pero Jenkins es un tipo francamente hábil. Olvidemos el calificativo con el que iniciábamos estas líneas, el que nace en los despachos y no en el lado más creativo de la industria. Esa es la manera de entrar, de verdad, en lo que propone el escritor. Origen no se podrá liberar nunca de las etiquetas ni de la trascendencia originaria con la que nace, pero el paso de los años y el hecho de que después se hayan contando tantas historias que buscan ser la más grande jamás contada, aquí y en la Distinguida Competencia, le ha sentado bien porque ha permitido que podamos entrar en la historia sin la presión de estar asistiendo a una revelación que lo va a cambiar todo.

Andy Kubert, ilustrador ideal

Y Kubert, además, es el ilustrador ideal para acometer esta tarea. Puede que le podamos reprochar que falte algo de claridad en el momento más trascendental del relato, en el que Logan descubre que es un mutante de la manera más dramática posible, pero esa combinación que logra hacer entre belleza y fatalidad es muy destacable. El encanto de los escenarios y de la época en la que se plantea la historia es formidable en los lápices de Kubert. La presentación de cada uno de los personajes, también. Pero, sobre todo, su evolución. Por eso, las mejores páginas están en la segunda mitad de Origen, cuando Logan ya es adulto y cuando Rose ha dejado de ser la niña que entra a trabajar en la Hacienda Howlett sin saber nada de la vida.

Siendo Origen una historia sobre la evolución iniciática de un héroe, es loable que Kubert también vaya mostrando ese camino de una manera tan natural. No, no es una historia de superhéroes al uso, por mucho que su público objetivo sea en realidad el mismo, atraído por el anuncio de esa revelación definitiva sobre el pasado de uno de sus héroes favoritos. Y por eso es tan importante destacar el trabajo de Kubert, que sabe honrar las dos vertientes que tiene la historia. Le beneficia tener a un Logan ya con instintos animales desarrollados en la parte final, y es ahí donde recurre a las splash pages clásicas del comic de superhéroes, pero eso no habría funcionado si no hubiera asentado tan bien el entorno en el que iba a tener lugar el relato.

Los años dan poder al lector

Tantos años después, el lector tiene todavía más poder que cuando se publicó originalmente este cómic. Entonces nadie sabía lo que habia en su interior. Hoy, también gracias al cine, incluso sin haber leído Origen ya sabemos bastantes de los elementos que manejaron Jenkins y Kubert. Y aún así la lectura aguanta francamente bien, lo que habla maravillas del trabajo de dos autores que fueron capaces de construir lo que quisieron a partir de un encargo editorial de enorme trascendencia y que le dieron entidad para seguir vigente más allá de la vida publicitaria que tuvo y del tiempo que pasa hasta la siguiente gran historia que quiere copar titulares.

Panini publica Lobezno. Origen dentro de su serie 100% Marvel HC al precio de 22 euros.

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