La Visión. Poco mejor que una bestia – Cierre inmejorable para una gran tragedia

Lo que han conseguido Tom King y Gabriel Hernández Walta en La Visión es un clásico instantáneo del cómic de superhéroes. Así, sin tapujos y sin más vueltas. Estamos ante uno de esos tebeos que merece la pena leer, que dejan huella, que rompen los moldes del género y que, con los años, solamente podrán  mejorar. Es verdad que este segundo volumen, Poco mejor que una bestia, implica conocer algo más de la historia del personaje hasta este punto para poder comprender todas las ramificaciones de lo que estamos leyendo, pero quitando esa mínima exigencia para el lector el resultado es asombroso y brillante, una descomunal reflexión sobre la inteligencia artificial que, no podía ser de otra manera, bucea en la propia tradición de Marvel para encontrar razones humanas a esta gran tragedia.

Es ahí, de hecho, donde la serie cobra una nueva dimensión, otro plano más con los que sentirse completamente entusiasmado con la obra. King hace que todo lo que hemos leído hasta ahora tenga su origen en la relación entre la Visión y la Bruja Escarlata. Por si hacía falta algún detalle más que ganara al lector más clásico, Wanda aparece en escena. Si acaso, da rabia que ese número no lo dije Gabriel Hernández Walta, sublime en todo momento, y sea obra de un Michael Walsh que, en todo caso, cumple bastante bien con su labor de artista invitado. Qué manera la de King en este número de humanizar a un personaje robótico y artificial, al que presuponemos emociones pero al que se redefine de un modo brutal. Pocas veces se ha visto algo así en el cómic de superhéroes, y merece la pena que lo valoremos.

Drama familiar

Marvel siempre ha podido presumir de dramas familiares y personales. La Visión, en ese sentido, no es nada ajeno a la tradición de la editorial. Pero, dicho eso, la apuesta que hace King es arriesgadísima y brillante. En primer lugar, porque plantea una historia nueva, la de la familia que se construye la Visión para encontrar una felicidad y una normalidad imposibles, pero lo hace con un anclaje ya conocido. Esa es la genialidad que aporta este segundo volumen, llevar la historia a los tiempos en los que Wanda era el amor de la vida de este sintezoide. King plantea un breve pero apasionante recorrido por esa relación y lo mucho que ha marcado al androide. Sabíamos que la Bruja Escarlata había sufrido por la forma en la que se desarrollaron las cosas, pero no teníamos tanta información sobre la Visión.

A partir de ese aparente interludio, en realidad magnífica piedra angular de lo que quiere contar el escritor, la serie encuentra más lazos familiares. Si el Segador era el que aparecía en el primer volumen, aquí se trata de Victor Mancha, hijo de Ultrón. Y los recelos de los Vengadores, que siempre han sabido que la Visión era un valioso aliado pero un aún más temible adversario. Por eso, el tono agridulce y trágico que desprende la historia es tan intenso, porque es difícil no ver que todo se va a ver abocado a una situación imposible en lo emocional pero a la vez con una lógica aplastante, la que obviamente necesita un androide para funcionar.

La genialidad de Hernández Walta

Todo esto, sobre el papel, es ya impresionante. Pero la forma en la que Hernández Walta le da forma es asombrosa, hasta el punto de que no parece nada descabellado decir que el ilustrador ha dado con la versión definitiva del personaje para mucho tiempo. La forma en que dibuja tanto a la Visión como a su familia no es simplemente soberbia por sí misma, sino también perfecta para la temática y el tono que tiene la serie. Lo suficientemente fría pero a la vez lo suficientemente emocional, esa maravillosa contradicción que se acerca tanto a la esencia más pura de la Visión como personaje, el eterno luchador por ser percibido como un ser humano cuando sabe perfectamente que no lo es.

Si queda alguna duda sobre el alcance del dibujo de Hernández Walta no hay más que echar un vistazo a la brutal resolución del décimo número de la serie, resumen descomunal de esa contradictoria existencia de la Visión y compendio de armas narrativas con las que el cómic se convierte en un medio de comunicación único y asombroso. No es la única muestra del enorme talento que derrocha el dibujante, porque hay montones de viñetas que se acercan a esa maravillosa forma de entender esta historia, pero sí es la definitiva, la que confirma, de una manera ya definitiva, que estamos ante una obra digna de mención y que se va a quedar grabada a fuego en la mente del aficionado.

Ciencia ficción sublime

Y el caso es que, al final, más que cómic de superhéroes, da la sensación de que lo que hemos leído es una historia sublime de ciencia ficción, una nueva aproximación al debate sobre la inteligencia artificial que tanto gusta al género, pero con ese toque Marvel dramático, trágico en realidad porque la editorial siempre ha sabido encontrar el origen de sus historias en conflictos muy personales. Hacer eso con un androide exige tal maestría que no hay calificativos que definan con la precisión necesaria el trabajo de King y Hernández Walta. Pero con insistir en que estamos ante un cómic que da la impresión de que no va a envejecer nunca queda bastante claro el alcance que tiene una de las mejores series que se han visto en el cómic mainstream contemporáneo.

Panini publica La Visión. Poco mejor que una bestia, segundo y último volumen de la serie, dentro de su Colección 100 % y al precio de 13,50 euros.

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