La sensacional Hulka – Byrne y sus geniales locuras

Lo miremos como lo miremos, la influencia de John Byrne en el cómic de superhéroes es inmensa. No son muchos los autores que realmente han podido hacer, literalmente, lo que les ha dado la gana en una serie. No, al menos, hasta el punto de control que alcanzó Byrne en los 80 y en los 90 y, sobre todo, con La sensacional Hulka. Hay que reconocer que Byrne se ganó el derecho de manejar a su antojo a la verdosa prima de Bruce Banner, porque fue él quien la incorporó a los 4 Fantásticos e hizo que el personaje madurara y creciera. Supo interpretarla como nadie. Y viendo lo que hizo en la serie del grupo y después en la novela gráfica centrada en el personaje, lo que casi nadie podía esperar es lo que hizo después en la serie.

La sensacional Hulka es una comedia de situación. Y una rara. Una en la que Byrne se dedicó a reírse del medio. De sus personajes ridículos. De las modas de los años 90. De la ruptura de la cuarta pared. De utilizarse él mismo como personaje. Y sí, hay que reconocer que en algún momento la fórmula llega a cansar, porque hablamos de casi veinte números de, por qué no decirlo, postureo absoluto. Pero es Byrne. Y Byrne sabe hacer incluso esto, porque nos engancha con el dibujo, con su inimitable estilo, y después nos vuelve locos saltándose todas las normas posibles.

Las locas aventuras de Hulka

Ojo, porque vemos a Hulka desnuda saltando a la comba, posando de mil y una maneras como en un Swinsuit Special, atravesando páginas en blanco, con todo su cuerpo lleno de pelo o intercambiando el cuerpo con una mujer entrada en carnes, peleando contra montañas vivientes, con la cabeza cortada, casándose con el Hombre Topo, explicando a un machote alienígena la reproducción humana, colaborando con una especie de Santa Claus extrañísimo o actuando como una heroína espacial. Más que La sensacional Hulka, esto parecen Las locas aventuras de Hulka. Pero tan locas son que parece imposible no disfrutar con ellas, y más si tenemos en cuenta que, en realidad, Byrne busca homenajear a la propia historia de Marvel.

Lo hace, en primer lugar, con una historia grande y épica, con Hulka como gran superheroína, sexy, divertida y osada pero con las dudas que siempre asaltan a los héroes Marvel, magnificadas por el temor de SHIELD a que se convierta en una amenaza descontrolada como su primo. Eso es la novela gráfica. Y después, tras un breve relato de Chris Claremont y Alan Davis que nos pone en la pista delo que vamos a ver, recupera tradiciones de la editorial, como la de cruzarse con Spiderman en el tercer número. Tanto disfrutó Byrne con su psicodélico y divertidísimo desvarío que no le importó estar ausente casi dos años de la serie, desde que la dejó en el octavo número hasta que la continuó en el 31º, que continuó escribiendo desde el mismo punto y como si nada hubiera pasado desde su marcha. Titula su regreso Melodía interrumpida, riéndose de todo y de todos.

Byrne como personaje y como profeta

Que no se malinterprete, porque Byrne es un autor capital para entender el cómic de superhéroes, pero el tamaño de su ego es incomparable. Pocos autores han tomado tanto protagonismo en sus historias. Lo hace primero con las continuas alusiones de Hulka a su escritor, y finalmente incorporándose él mismo a las viñetas. O directamente teorizando. El número en el que directamente se ríe del estilo de Rob Liefeld, noventero y totalmente contrario al de Byrne, o el número final de la serie, en el que se debate sobre formas de entender el cómic tan dispares como las de Frank Miller, Walt Simonson o Adam Hughes para ver cuál es la mejor manera de continuar con las aventuras de Hulka dan buena idea de la posición que había alcanzado el autor en aquel momento.

Es importante no olvidar que La sensacional Hulka llegó en esa denostada década de los 90. Todas esas bromas internas que Byrne va soltando tienen su razón de ser en ese aspecto. Byrne estaba en el olimpo, pero el mundo a su alrededor estaba cambiando. Con Hulka quiso demostrar que él podía cambiar mejor de lo que lo estaba haciendo el medio en su conjunto. Apostó por fórmulas narrativas que después otros autores han incorporado al medio, y no sería exagerado decir que sin La sensacional Hulka no habría tenido, por ejemplo, El Multiverso de Grant Morrison. La valentía de hoy era un comportamiento casi suicida en los 90. Y Byrne, profeta como pocos, era el autor perfecto para emprender ese camino.

Entre el cómic más clásico y la innovación más rotunda

Quien disfrute del dibujo del Byrne más clásico, el de X-Men, el de Los 4 Fantásticos, el de Superman, desde luego en Hulka se va a dar un festín. Pero quien disfrute de la innovación más rotunda, la que ahora parece más común pero que cuando este cómic asaltó las librerías era una rareza incomparable, también se lo va a pasar en grande. Asumamos cierta repetición en la fórmula, pero siempre llega un número que nos rompe la rutina y nos devuelve la genialidad. Byrne, tan denostado hoy en día por muchos, seguía siendo Byrne al dar lo que bien puede considerarse la versión definitiva de Jennifer Walters. Y eso, siendo un personaje tan querido para su autor, nos da una idea de todo lo bueno que hay en estas páginas.

Panini publica La sensacional Hulka dentro de su serie Marvel Héroes y al precio de 45 euros.

¡Comparte!