Kingsman vs. Amazing Spider-man 2: anatomía de un clímax

En Cinco79 vamos a diseccionar el clímax de dos películas basadas en cómics. Por un lado tenemos Kingsman, que mejoró uno de los cómics más flojos que ha hecho Mark Millar para su Millarverso y que fue una sorpresa muy agradable del 2015; por el otro, Amazing Spider-man 2, que empeoró el material de partida pese a contar con un gran casting y alguna escena brillante: una película que dejó frío al fandom arácnido allá por 2014.

Los contendientes

Kingsman nos cogió a todos desprevenidos. Había motivos para confiar, empezando con su director Mathew Vaughn, que a día de hoy puede presumir de no tener ni una sola tacha en su currículo como director y guionista, y de haber hecho la que es, para quien esto suscribe, la mejor película de los X-men, esa Primera Clase que era tan divertida y poliédrica como los mejores cómics de mutantes.

 

Amazing Spider-man 2 fue una película entretenida, pero su congestionado guión, lleno de subtramas a cual más idiota, y su justita dirección a cargo de Marc Webb desembocó en un fracaso artístico y crítico y obligó a Sony a ceder a Marvel la batuta para futuras entregas. Era un filme muy propio del tándem Alex Kurtzman y Roberto Orci: se empeñan en rellenar los guiones de subtramas para dar la sensación de que sus personajes están vivos. A veces les funciona, pero en otras ocasiones el desarrollo es tan esquemático y los personajes tan planos que sólo consiguen un producto insalvable.

 

Kingman V Amazing Spider-man 2 - Cinco79

 

Ambas películas comparten una elección narrativa: cuando llegamos al clímax y las apuestas están por todo lo alto, abandonamos al cabeza de cartel y el foco se sitúa sobre personajes secundarios y las consecuencias del plan del villano de turno. En Amazing Spider-man 2, somos testigos de un controlador aéreo, el cual se ve obligado a trabajar a pelo ante la falta de electricidad provocada por Electro (Jamie Foxx), y de las dificultades de la tía May (Sally Field) en su nuevo trabajo como auxiliar de enfermería. En Kingsman, por su parte, presenciamos playas y calles con gente que se vuelve loca por culpa de Valentine (Samuel L. Jackson) y a la madre del protagonista protegiendo, y a posteriori intentando matar, a su hija pequeña.

 

En la superficie, como he dicho, son muy similares. Pero no podrían ser más diferentes a nivel de guión.

 

De lo general a lo particular – Kingsman

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En el caso de Kingsman, la ilustración del caos añade tensión al desafío de Eggsy (Taron Egerton): el mundo se va a ir al garete y su madre, Michelle (Samantha Womack), tiene unas repentinas ganas de filetear a su hermanita pequeña.  Si bien es un poco artificioso alejarnos del prota en mitad del clímax, y hubiera preferido que Eggsy supiera lo que pasaba con su madre después de advertirla por teléfono, esto ayuda a establecer cierta perspectiva fuera de la acción pasillera: ya vimos lo que pasaba en una iglesia con el dispositivo de Valentine pero, ¿qué puede pasar a nivel mundial?

 

En el cine, los desastres nos parecen un evento espectacular, pero no tenemos ninguna conexión emocional con ellos. Son demostraciones gigantescas de efectos especiales pero, sin un ancla emocional, terminamos por cansarnos de ellas: no queremos una bobina de demostración de la empresa de FX de turno, ¡queremos sentirnos parte de la película! Por eso, de entre todas las víctimas de una catástrofe, conocemos y seguimos a un pequeño grupo, que no sólo sirven para concretar los efectos de la amenaza, también nos ayudan a sentir algo por la película: queremos que se salven si son buena gente, o que les pase algo malo si interfieren con los protagonistas.

 

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La subtrama con la madre de Eggsy está metida de forma orgánica porque ya la hemos visto con la niña y sabemos que son importantes para nuestro nuevo agente secreto favorito. En guión, a esto se le conoce como «plantar», es decir, que primero se te muestra o menciona una cosa para que, cuando adquiera relevancia más adelante, no parezca sacada de la nada. Plantas y siembras.

 

Cuando el dispositivo de Valentine se conecta, ocurren dos cosas: la primera, que presenciamos una pequeña película de catástrofes con esos planos aéreos que tienen todo que ver con el uso del sarcasmo a lo largo de la película; la segunda, ¡que nuestro ancla emocional en el desastre lo conocemos! Por supuesto, presenciar como una madre encierra a su hija y luego intenta matarla es sobrecogedor, pero mucho más cuando se trata de un personaje con el que tenemos cierto vínculo, pues los protagonistas son nuestros amigos y, ¿quién quiere que le pase algo malo a la familia de nuestros amigos?

 

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Al final, Eggsy consigue detener a Valentine, la gente deja de estar loca y, aunque ha habido millones de muertos (unos cuantos debido a una explosión craneal, pero esos nos importan cero), Michelle abraza a su hija.

 

Y por todo esto, la desviación del clímax funciona en Kinsgman.

 

De lo particular a lo general, a lo aleatorio, a lo particular – Amazing Spider-man 2

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En Amazing Spider-man 2 tenemos una narración parecida: ante el apagón, que entendemos que es un caos generalizado, necesitamos personalizarlo en alguien. Y aunque tía May está pululando, sufriendo mientras mira fuera de plano, el que se lleva más minutos es un controlador aéreo.

 

Un momento, preguntáis, ¿es que Spider-man, interpretado aquí por Andrew Garfield, tiene un amigo controlador aéreo? No. No es absolutamente nadie importante: ese hombre nace y muere (metafóricamente hablando) en ese intervalo de la película.

 

Primer error: ¿quién es este tío? Su escena no está plantada, así que su vinculación con el espectador es artificial, como un chiste malo de monologuista del tipo «¿no os pasa que…?»

 

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Pero pasemos por alto que al controlador no le conocemos. Vale, se va la luz y ya sabemos que el trabajo de los controladores es muy delicado, pero con un avión en peligro, tenemos una bomba de tiempo: si nuestro colega no hace su trabajo bien o Spider-man no arregla la situación pronto, cientos de pasajeros perderán la vida.

 

Segundo error: ¿sabe Spider-man lo que está ocurriendo con los aviones? No. Sólo puede sospecharlo al ver que la luz se ha ido, y tampoco es que le importe más que lo que ocurre en la ciudad.

 

Bien, esto se está volviendo difícil de tragar, pero lo hacemos. Al tío no le conocemos, pero es nuestro amigo por el momento. Empatizamos con él y con los pasajeros de ese avión que está a punto de sufrir un accidente. ¡Spider-man, tú puedes salvar la situación!

 

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Pues no. El controlador arregla unos cálculos por su cuenta, el avión se salva y todo el mundo le felicita; Spider-man sigue con sus cosas arácnidas. Y este es el mayor error: ¿la película se llama Amazing Spider-man 2: Electro V. El controlador aéreo? ¿Es un corto que se ha introducido en la trama? ¡No! ¡Hemos venido a ver a Spidey y queremos que sea él, y no un don nadie, el que arregle los conflictos de la película! Como él, cientos de personas estarán salvando a otras en mitad del caos, ¿qué tiene de especial este hombre? ¿En qué afecta su problema a Spider-man?

 

Mirad, puede ser enconmiable mostrar que los superhéroes no siempre son necesarios dentro de una película del género, pero el tiempo que dedicamos a un filme es finito y hay que centrarse, que para rollos ya están los director’s cut.

 

¿Qué pudo pasar en Amazing Spider-man 2?

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Aquí va mi suposición para esta catástrofe: creo que en una de las primeras versiones de guión, Gwen (Emma Stone) se mete en el avión a Londres. Spider-man se dirige a luchar contra Electro para devolver la electricidad a Nueva York, sabiendo que los controladores aéreos se encuentran ciegos y que su novia puede estar en peligro. ¡Ahí tenemos la personalización de la catástrofe, sembrada por el mensaje de voz de Gwen! ¡Y la implicación emocional de nuestro prota en el desastre, más allá de hacer el bien porque sí! Es muy probable que luego, una vez aterrizara el avión, el Duende Verde (Dane DeHaan) la secuestrara y la llevara hasta Spider-man, desatando el clímax.

 

Incluso así, que el controlador sea el que salve a Gwen podría verse como un hecho inesperado. El arácnido es incapaz de llegar a tiempo, pero sentimos un súbito alivio cuando otro tío le saca las castañas del fuego. Lo importante es que en cada escena, haya alguien que ya conocemos o que afecte al destino de un personaje.

 

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En alguna reescritura del guión decidieron hacer más proactiva a Gwen, la sacaron del avión y se ahorraron el problema de pensar cómo la encuentra el Duende Verde. Y por algún motivo, se enamoraron de la escena del controlador aéreo y acordaron mantenerla, a pesar de que se puede extraer de la película sin consecuencias. Como guionista, a estas escenas las llamo Nocillas, porque son como un bocata de nocilla en mitad de una dieta: pueden gustarte mucho pero te fastidian todo el plan. Tienes que deshacerte de ellas.

 

Si en algún momento os ponéis a escribir una historia de superhéroes, o simplemente un guión de cine, recordad todo esto y decid no a las nocillas.

 

Pero os la podéis tomar en un bocata mientras escribís: el azúcar alimenta el cerebro.

Nocilla - Cinco79

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.

4 comentarios sobre “Kingsman vs. Amazing Spider-man 2: anatomía de un clímax

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