Hulk: Gris – Por algo la llamaban la Casa de las Ideas

Tenía su gracia en años pretéritos que Marvel se autodenominara la Casa de las Ideas y que siempre hablara de DC como la Distinguida Competencia. Entonces era evidente que había una razón de ser para esa denominación que la editorial de Spiderman, los Vengadores y los 4 Fantásticos se daba a sí misma, pero el paso de los años no ha hecho más que confirmarla. Miremos, por ejemplo, Hulk: Gris. Jeph Loeb y Tim Sale nos cuentan qué pasó después de que naciera el monstruo entonces todavía no de color esmeralda tras la explosión de la bomba gamma. Y todo lo que nos cuentan, todo lo que hace grande a Hulk, estaba ya en lo que se inventaron Stan Lee y Jack Kirby en 1962. Absolutamente todo.

Loeb y Sale son los autores de antología de relatos sobre los héroes Marvel, asociados cada uno de ellos a un color. Que para Hulk opten por el gris y no por el verde es ya la primera decisión inteligente. Queremos contar los primeros pasos de Hulk. Y queremos hacerlo aprovechando elementos que probablemente muchos autores hayan sabido interpretar de manera inteligente pero que nacen de Lee y Kirby. Bruce Banner, por supuesto, pero sobre todo la extraña relación con Hulk. Son lo mismo y a la vez no lo son. Se sienten y se odian, pero no se han visto. Y el General Ross. Y su hija Betty, amor de Bruce. Y Rick Jones. Todo estaba sobre el papel en 1962, y  esta maraña de relaciones cruzadas es lo que permitió a Marvel dignificar el cómic de superhéroes.

Relaciones cruzadas

Lo que hacen Loeb y Sale es, de alguna manera, recordarnos que lo que funcionaba en los años 60 lo puede seguir haciendo hoy en día. Solo hay que refinarlo, aprovechar las posibilidades del medio y dejarse llevar por las buenas ideas. Gris juega con la idea de que Hulk sea y a la vez no sea un monstruo, con el hecho de que su fuerza bruta pueda provocar accidentes y a la vez incidentes, con la compleja paradoja que un científico que cree en su trabajo para mejorar la vida de las personas sea el creador de un arma de destrucción salvaje, de la fortaleza de Betty y de su papel como nexo entre las personalidades de Hulk y Banner, del parecido que al final hay entre Hulk y el General Ross. Son tantas las ideas que se agolpan en estas páginas que parece mentira que estemos hablando de un cómic de poco más de cien páginas.

Como en el resto de la serie de colores, de lo que se trata es de sentir al personaje. Todos conocemos el origen de Hulk, y aún así una brillante splash page de Sale nos lo recuerda, pero que Hulk sea algo más que una embrutecida masa de músculos y furia  es algo que no siempre se ve. Por eso, verlo es una delicia. Y Gris lo muestra a modo de flashback continuo, ilustrando una conversación entre Banner y Doc Samson. Nos colocamos en la intimidad del diván para asistir a uno de los mejores retratos psicológicos, aunque puede que quede inconcluso (como en realidad tiene que ser con un personaje expuesto a evolución continua, incluso en su pasado), que se han realizado nunca del personaje. Loeb, criticado en ocasiones por su sencillez, sabe ser complejo.

Entre Frankenstein y Kirby

Loeb deja unos diálogos riquísimos, de los que se pueden extraer incontables conclusiones, también una narración en off, conversación entre Banner y Samson, que resulta brillante. Pero sobre todo imagina situaciones que Sale convierte en obras de arte. El estilo del ilustrador es tan personal e identificable, y quizá por eso no todos los paladares lo podrán saborear con la misma intensidad, pero resulta imposible no rendirse ante la mezcla que hace entre el propio dibujo de Kirby, al que homenajea, como él mismo explica, incluso desde detalles tan aparentemente triviales y absurdos como el entrecejo del monstruo, y el aspecto más terrorífico del monstruo de Frankenstein, quizá la figura más cercana a Hulk en el imaginario popular.

Lo que Sale consigue en Gris es que creamos que Hulk es una figura increíblemente poderosa y sin medida (la escena del conejo es espeluznante por su sencillez), pero a la vez ingenua, sobre todo por lo difícil que le resulta interpretar el comportamiento humano (y cada encuentro de la criatura con Betty acaba resultando memorable por esta razón). Hasta la aparición de Iron Man, con su primera armadura, la que le conocimos en el momento en el que nacieron los Vengadores, acaba siendo perfecta para el estilo de Sale, que, a pesar de que su trazo pueda parecer un inconveniente, domina la dinámica de los combates.

Hulk no es (solo) un monstruo

“Hulk no es monstruo”, dice la criatura, casi como un mantra igual de utilizado que el famoso “Hulk aplasta”. Lo que Loeb y Sale nos demuestran en Gris es que no solo es un monstruo. Puede ser divertido verle destrozar cosas, pero es un personaje que puede dar mucho más de sí. Lee y Kirby crearon, puede que sin darse cuenta de las posibilidades que estaban abriendo (o quizá sí), un formidable entramado emocional entre Bruce, Betty, Ross, Rick y, por supuesto, Hulk. Lo que hacen Loeb y Sale es honrar esa creación de una manera formidable, encontrando una buena historia, un gancho emocional que se desvela al final y una descripción formidable del bruto primero grisáceo y después verdoso. Imposible cansarse de leer estas miniseries.

Panini publica Hulk: Gris dentro de su colección 100% Marvel HC al precio de 16,50 euros.

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