Elektra asesina – Política, violencia, erotismo y Marvel

Elektra asesina, portada del cómicEn plena promoción de Ready Player One, Steven Spielberg ha declarado que está convencido de que en nuestros días E.T. El extraterrestre no tendría el éxito que tuvo cuando se estrenó, en 1982. Es una forma de recordarnos que las obras tienen un tiempo y un lugar. Son hijas de su época y su repercusión se ve condicionada por el momento social. Viene esto a cuento de la reedición de una obra portentosa, Elektra asesina, que también ha de considerarse hija de su tiempo. Aquel Frank Miller político hoy sería despedazado en las redes sociales. Aquel experimental Bill Sienkiewicz ya no nos parecería tan rompedor como de hecho lo fue hace más de tres décadas. Pero el caso es que obra cargada de política, violencia y erotismo que Miller y Sienkiewicz colocaron en el seno del universo Marvel sin que en realidad no pareciera parte del mismo, no ha perdido vigencia ni impacto.

Y ojo, porque no es una obra fácil. Al contrario. Es densa. Es compleja. Es intensa. Y sobre todo es muy política, dicho esto en el sentido más profundo, como realmente se podía entender a mediados de los años 80. Porque Miller siempre ha sido un animal político. Lo era en aquella época, cuando era uno de los reyes de la industria norteamericana del cómic, y también cuando esa misma característica le hizo descender a los infiernos creativos en la sorprendentemente vacía Holy Terror. La historia, pretendidamente difusa para que no podamos ubicarla en la cronología de la propia Elektra pero que encaja mucho mejor antes de que Elektra y Matt Murdock se conocieran, se enmarca en el seno de una elección presidencial. Y no hay candidato bueno, a pesar de la portentosa caricatura de Sienkiewicz. La política de los dos contendientes y la forma en la que S.H.I.E.L.D. y la propia Elektra pueden encajar en ese mundo está entre lo que más fascina de esta obra.

La fantasía erótica de Miller

En ese marco, Elektra es una fantasía erótica para Miller. Por paradójico que pueda parecer, no es la protagonista de Elektra asesina. No es la narradora. Tampoco, en realidad, el hilo conductor. Pero cada una de sus apariciones se puede entender como fruto de la imaginación más excitada de Miller. Aparece encadenada, herida y capturada. Manipulada y hasta agredida sexualmente. Armada. Como salvadora bajo el agua. Siendo una mujer inalcanzable. Y sin apenas pronunciar palabra en toda la obra. A Miller le fascina Elektra, es su creación y él es la voz autorizada para hablarnos de ella, con su presencia y en su ausencia. Dennis O’Neil dijo que Ra’s Al Ghul murió cuando él lo decidió, y lo mismo se puede decir de Elektra y Miller. Habrá autores que hayan sabido o que sepan escribir en el futuro al personaje, pero nunca será la misma Elektra. Y eso que la Elektra de Miller es un personaje cambiante como pocos, y aquí en Elektra asesina muestra una cara que nada tiene que ver con el misticismo e incluso el romanticismo melancólico de Elektra Lives Again.

Miller además, el Miller de los 80 y quizá también el de los 90, tiene la cualidad de entusiasmar incluso aunque haya elementos que no son fácilmente comprensibles. Presumir que se puede entender todo lo que aparece en Elektra asesina es hasta pretencioso. Pero la narración es tan impresionante, sorprende tanto lo que nos vamos encontrando, desde los guiños al marvelita más clásico con la aparición de Nick Furia hasta los toque más propios de la ciencia ficción, pasando por sus parábolas políticas, por imágenes realistas que quizá son algo demasiado locales como para que sintamos una empatía absoluta, o incluso por la acción, la más creíble y la más inverosímil. Elektra asesina es mucho más que una misión para la mercenaria de rojo. Y probablemente merecería un análisis mucho más complejo, exhaustivo y ambicioso del que se puede hacer en una crítica de este estilo, que ha de conformarse necesariamente en admirar una genialidad que a veces no se puede explicar con tan pocas palabras.

Sienkiewicz en estado de gracia

Detallada página de BIll Sienkiewicz para Elektra asesinaA Sienkiewicz ya le conocíamos cuando apareció Elektra asesina. Ya había llegado a Los Nuevos Mutantes. Ya había hecho añicos el prototipo Marvel de los Kirby, Romita y Buscema. Ya había pegado el puñetazo en la mesa y nos había dejado claro que se podía dibujar superhéores de otra forma. Pero quizá no alcanzó los extremos más personales hasta que llegó Elektra asesina. Es fascinante todo lo que es capaz de encerrar en sus páginas, la cantidad de artificios narrativos que despliega y la forma en la que va saltando de género de una manera tan radical. Porque si Miller quiere una obra política, Sienkiewicz es capaz de dibujarla. Si quiere acción, la obtiene. Si quiere que ese deseo físico, sexual u onírico traspase la página cada vez que Elektra hace acto de presencia, desde luego que lo consigue. De alguna manera, Sienkiewicz hace aquí más Heavy Metal que Marvel, hasta un nivel de experimentación que pocas veces se había visto hasta aquel momento.

Si Miller no escribe una obra fácil, es evidente que Sienkiewicz también dibuja un cómic de digestión sencilla. Y es que a veces la excelencia abruma. En esta ocasión es así. No se puede negar el carácter icónico que tienen algunas de las ilustraciones que el autor nos regala, empezando por la misma portada de la obra, pero a la vez sus páginas son una digestión hasta contrapuesta. No se puede dejar de mirar compulsivamente, devorando a una velocidad que acompaña el ritmo que acaba teniendo la historia, pero a la vez cada viñeta nos atrapa hasta el punto de revisar cada trazo, cada sombra y cada figura que Sienkiewicz pone en su lienzo. Los superhéroes no eran esto hasta que un puñado de genios visionarios como Sienkiewicz se empeñaron en que sí podían dibujarlos así.

Elektra asesina – Obra trascendente

No se puede decir que la crítica o la historia hayan tratado mal a Elektra asesina, pero es igualmente cierto que no se ha dado a esta obra el mismo carácter que a otros libros. No es fácil discernir hasta qué punto cambió la forma de ver las cosas como Watchmen o El regreso del Caballero Oscuro, pero desde luego sí podemos decir que Elektra asesina juega en la misma liga, aspira a mostrarnos las cosas de una manera totalmente diferente y de hecho lo hace. Quizá no sea una lectura tan recurrente, no invita a un repaso tan entusiasmado o adrenalítico como sí sucede con los títulos antes mencionados, pero no caigamos en el error de menospreciar un cómic portentoso en muchos sentidos, parte esencial de lo que supone Miller para el cómic de los años 80 y esencial para entender la genialidad de Sienkiewicz.

Panini publica Elektra asesina dentro de la Colección Frank Miller al precio de 30 euros.

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