[El grano de la paja] – Howard: un nuevo héroe

Decimos que separamos el grano de la paja cuando queremos ir a lo importante o quedarnos con lo mejor. En la cultura, separar el grano de la paja podría ser la división entre obras reconocidas o repudiadas, pero esta sección no se ocupa de una tarea tan ímproba: su intención es destacar las mejores partes de películas, series, cómics o videojuegos que no han conseguido el favor del público, de la crítica o en el peor de los casos, de ambos. Obras que, pese a ser un desastre, consiguen rozar la genialidad en alguno de sus aspectos.


Sueño de una noche de universidad

 

Ahora que sabemos cómo terminó Howard: un nuevo héroe (1986) tanto comercial como artísticamente, es más difícil entender por qué se llegó a eso. Ya sabes que George Lucas estuvo involucrado en el proceso y los responsables, Willard Huyck y Gloria Katz, no sólo eran amigos personales y compañeros de clase de Lucas, sino los responsables del guión de American Graffiti (1973), la película con mayor margen de beneficio de la historia, esto es, el margen entre coste y recaudación, hasta la llegada de El proyecto de la bruja de Blair (1999). Se trataba de un proyecto pasional, porque Lucas es un gran aficionado del personaje, y capital para Marvel cómics, pues con Howard daría el salto al cine un personaje de la compañía por primera vez.

 

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Que el pato, un personaje que nadie en el mundo de los cómics toma por real a primera vista, fuera el primero de la compañía en tener película de imagen real, y que encima el filme fracasara en taquilla por, entre muchos problemas, injerencias del estudio, parece sacado de un guión del propio Steve Gerber, creador del personaje, pero divago.

Además, fue un proyecto importante para Industrial Light and Magic, la compañía de efectos especiales fundada por Lucas, ya que Howard contaba con un presupuesto abultado (los más de treinta millones de presupuesto de la época se traducen a unos ochenta millones de la actualidad), que financió los delirios e imaginación de todos los responsables.

 

Efectos especiales tope de pata

 

Por eso Howard ha terminado en esta sección de El grano de la paja: porque sus efectos especiales fueron un avance increíble que aún hoy se ven impresionantes, en una época donde el uso del ordenador en las películas era muy, muy limitado y, por tanto, se tiraba de efectos especiales tradicionales perfeccionados a lo largo de décadas.

 

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Como ejemplo del uso del ordenador, cuando Howard sale volando junto a su sillón, directo al planeta Tierra a través del cosmos, se borraron los cables digitalmente. Si bien no puedo atreverme a decir que fue la primera producción en hacerlo, sí te digo que esa función no se solía contemplar en la época, obtándose en su lugar por cambios de plano para ocultar el truco.

Pero es que el propio Howard supuso un salto enorme. Llevarle a la gran pantalla supuso un quebradero de cabeza, ya que al principio iba a ser animado por ordenador, idea descartada por lo costoso que hubiera sido.

Se decidió entonces meter a un acondroplásico en un disfraz. La boca se abría y cerraba, y los ojos parpadeaban, gracias a los mecanismos ocultos en el trasero del pato; Howard era una marioneta animatrónica con una persona dentro, pero era completamente autónoma; dos millones de dólares de la época se comió el invento.

 

 

Esta escena, en la que se le erizan las plumas, costó meses de planificación y perfeccionamiento. Esos segundos son fruto de noches de insomnio y quebraderos de cabeza porque, en todo momento, se prefirió que no hubiera nadie manejando hilos.

Hazte a la idea: E.T., otro de los grandes logros de la técnica y cuatro años anterior, necesitó a expertos marionetistas tirando de cables para controlar a un bicho cuya base era la misma, alguien muy bajito en el interior de una marioneta.

Lo que viene a decir que, lo que no consiguió el Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, lo hizo una pelicula tan denostada que aún hoy no tiene distribución en DVD o Blu-Ray en España.

 

Pasito a patito

 

Y aún así, Howard guarda más ases en la manga, como la animación stop motion, consistente en animar fotograma a fotograma figuritas, las cuales se insertan luego en la película, ajustando luz y color para buscar una integración plena.

Empleados de ILM aún se lamentan de que este filme supusiera el canto del cisne del stop motion, pues hicieron un trabajo tan fino que el Señor de la Oscuridad, el enemigo a batir, permanece como la criatura definitiva plasmada con esta técnica.

 

 

Fíjate en la cantidad de detalles que tiene, su integración en el escenario y el absoluto dominio que se tuvo de los efectos para combinar, repito que en 1986, animación, rotoscopia y efectos especiales físicos.

Con Desafío total (1991), el último blockbuster en usar efectos especiales tradicionales, se terminó una era que con esta Howard: un nuevo héroe ya había dicho casi todo lo que podía decir.

Después, el ordenador monopolizaría las pantallas y, por ese motivo, hay efectos de los 90 que nos hacen crujir los dientes mientras que filmes de los 80 aún siguen sorprendiéndonos.

 

Problemas existenciales para Howard

 

La película tiene doscientos problemas. El más flagrante es el manejo de un tono que, en teoría, es apto para todas las edades, pero que no tiene reparo en mostrar los pechos de una pata. De una mujer pato, vaya.

 

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O la susodicha escena de cama entre Beverly Switzler (Lea Thompson) y Howard, que el propio director reconoce haber grabado por divertimento.

Si dejamos el tema sexual a un lado, el Señor de la Oscuridad, interpretado con malicia por Jeffrey Jones, da auténtico miedo y protagoniza escenas muy perturbadoras, como una relacionada con una lengua kilométrica y el encendedor de un camión.

 

Despedida y cuac

 

Vuelvo a ejercer como abogado del diablo para despedirme y destacar tres cosas, la primera relacionada con ese tono indefinido.

Porque me consta que el filme fracasó en la taquilla mundial, pero también que gustó a muchos críos de la época, entre los que me incluyo: e espectador infantil pasa de las referencias sexuales y que el malo dé tanto miedo sólo ayuda a que su derrota sepa mucho mejor.

 

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La segunda cosa es que gracias al fracaso de Howard, George Lucas tuvo que vender la rama de efectos por ordenador de Lucasfilm a Steve Jobs. A lo mejor lo has intuido a estas alturas: sin este palmípedo, Pixar es probable que no hubiese nacido o, por lo menos, hubiera tenido la independencia necesaria para lanzarse al largometraje nueve años después.

El último as en la manga está relacionado con su banda sonora. Thomas Dolby compuso las canciones que salpican el metraje. Quizá te suene su nombre porque, recientemente, su tema She blinded me with science reapareció en Breaking Bad.

 

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Siguiendo su estela de apalear al herido, los Razzies cubrieron a la película de nominaciones y galardones. Aún no me explico cómo pudieron considerar que los temarrales compuestos por Dolby merecían sus insultos.

Da igual lo que dijeran en su día o lo que defiendan ahora: son tremendamente adictivas y divertidas.

Al vídeo con el final de la película me remito y con el vídeo te dejo:

 

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.

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