Dinosaurio diabólico – Un Kirby menos regio

Jack Kirby es el Rey. Siempre lo fue. Antes incluso de cocrear con Stan Lee el universo Marvel tal y como lo conocemos. Sobre todo durante ese periodo. Después, cuando se marchó a la Distinguida Competencia y nos dejó joyas al parecer un tanto incomprendidas como El cuarto mundo. Y también cuando regresó a Marvel para hacer lo que quiso. Incluso obras que se pueden considerar algo menores y extrañas como este Dinosaurio diabólico. Porque Kirby es genial incluso cuando no llega a toda la extensión de su genio, incluso no es tan regio. Hoy no es fácil leer a Kirby porque su narrativa nada entre tiempos. No corresponde a sus años de esplendor ni tampoco a los actuales. Pero ahí está, sobrevive y se mantiene como algo especial.

En Dinosaurio diabólico nos manda a un escenario totalmente inesperado para el maestro de la ciencia ficción de tecnología tosca y grandilocuente, nos envía directamente a la prehistoria, para contar la historia de un tiranosaurio de color rojo y de un primitivo hombre, Chico Luna, que se hace su amigo. No faltan, por supuesto, los toques de ciencia ficción en esta obra que bien podría considerarse inacabada, puesto que finaliza abruptamente en su noveno número sin que en realidad se haya contado una conclusión. Y no faltan inquietudes propias del Kirby más clásico, las de los personajes marginados en lo narrativo y las de los escorzos imposibles en lo visual, esos que hacen el dibujo del Rey identificable en cualquier circunstancia.

Un dinosaurio que no habla

El primer obstáculo que se encuentra Kirby a la hora de contar su historia es que su protagonista no habla. Al principio, no lo necesita. ¿Qué más le puede hacer falta a un dinosaurio rojo para convencer a un lector que sin duda se asoma a una serie como esta precisamente por la fascinación que siempre han generado estas criaturas prehistóricas? Está claro que ahí gana el Kirby dibujante, el que nos encandila con sus anatomías y sus planos forzados. La narración queda en manos de los cartuchos de texto y de los diálogos, a veces monólogos del Chico Luna. Y eso sí que lleva a la serie a una cierta repetición.

Kirby, claro está, busca la manera de evitarla. Y lo consigue por momentos, pero sí que se nota que hay una cierta obligación en las soluciones que adopta, la introducción de otros personajes, la separación de los dos protagonistas, incluso el manido recurso de llevar a Diablo, que así se llama este dinosaurio diabólico, hasta nuestros días, pero sobre todo el mencionado regreso a lo que mejor se le dio siempre, esa tecnología de aspecto arcaico que se convirtió en marca de fábrica del universo Marvel. En otras palabras, hay razones para leer esta serie y disfrutarla como parte de la portentosa creación de su autor.

Un Kirby menor

Pero al mismo tiempo, precisamente por esas limitaciones, es inevitable ver Dinosaurio diabólico como un Kirby menor. Se mira a la obra con el mismo cariño y disfrutando de sus aciertos, pero hay que destacar que muchas veces Kirby se limita a disfrutar con el dibujo porque, en el fondo, no hay demasiada historia que contar, y los personajes secundarios que van apareciendo en cada número nunca terminan de dar la sensación de formar parte de un plan más amplio, sino simplemente de ser comparsas, elementos necesarios para sobrevivir. No es que sus argumentos no funcionen, sino que al final todo parece ser lo mismo, incluso cuando el Rey se esfuerza en cambiar el paso.

Por eso vemos un uso desmesurado de las extremidades inferiores de Diablo, hasta el punto de que sus golpes y ataques parecen mucho más acrobáticos de lo que probablemente pudo haber ejecutado un dinosaurio. Eso, no obstante, forma parte del encanto de Dinosaurio diabólico. Kirby siempre fue un dibujante de imposibles, y esta obra no deja de sumarse a esa forma de ver su trabajo. Aunque solo sea por ver a Kirby dibujando a Diablo de las maneras más extraños, ya es un placer volver con él a la prehistoria.

Un cómic, pese a todo, histórico

Es un curioso y rocambolesco que el cómic prehistórico más característico de la obra de Kirby sea, precisamente, histórico. Lo es en el sentido de que fue la última serie que hizo para Marvel y el penúltimo trabajo para la Casa de las Ideas, antes de Silver Surfer: The Ultimate Comic Experience, la que se considera como la primera novela gráfica publicada por la editorial. Después de mencionar este detalle, ¿hace falta algo más para reivindicar Dinosaurio diabólico, por mucho que no sea una de las obras magnas del Rey? Probablemente no. Así que dejemos al niño que adora los dinosaurios que todos llevamos dentro que se lo pase bien con esta simpática locura.

Panini publica Dinosaurio diabólico dentro de su colección 100% Marvel HC al precio de 16,50 euros.

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