Deadpool – Una película de superhéroes distinta a todas

Crítica de Deadpool (2016) – Dirigida por Tim Miller – Protagonizada por Ryan Reynolds, Morena Baccarin, Gina Carano, Ed Skrein, T.J. Miller y Leslie Uggams. – Distribuidora – 20th Century Fox.

 

Deadpool tiene una energía maníaca al servicio de una historia muy simple, y es muy divertida a pesar de tener un montón de problemas. De algunos es consciente, de otros no, pero lo que está claro es que, a pesar de que es una película de superhéroes, parece algo nuevo. Y en el mundo del cine, como demuestra la taquilla, no es tan importante el hacerlo bien como el hacerlo con desparpajo y llegar primero.

Porque Deadpool lleva un poco más allá lo que empezábamos a intuir en otras adaptaciones de cómics: lo que Kingsman hizo por las películas de espías, y Guardianes de la Galaxia empezó en las de superhéroes, ésta lo lleva más allá. Es obscena y caótica, pero su autoconsciencia consigue que se le perdonen sus defectos, que no son pocos.

 

Deadpool: Origins

Wade Wilson (Ryan Reynolds) es un mercenario con buen fondo, que descubre el amor de su vida en Vanessa (Morena Baccarin), una prostituta con la que comparte química y sentido del humor. Su felicidad se trastoca cuando descubre que tiene cáncer terminal, por lo que se somete a un tratamiento experimental que activa su gen mutante latente: desde entonces, puede regenerarse pero se queda con la piel de una hamburguesa. Por ello, se convierte en Deadpool y buscará venganza contra Francis (Ed Skrein), el responsable de su transformación.

 

Deadpool - Cinco79 -

 

No puedo decir mucho más porque no hay mucho más: si no fuera por su estructura de flashbacks y su capacidad de alargar las escasas secuencias de acción que tiene, podría escribirse el argumento en una servilleta y sobraría espacio para hacer las cuentas y pagar a escote. Su simplicidad es un arma de doble filo porque la hace mucho más digerible, por aquello de que se trata de una historia pequeña, con un personaje en los márgenes del universo cinematográfico mutante, pero produce cierta insatisfacción. Empieza rápida y furiosa, pierde poco a poco gas y cuando termina ya no hay combustible ni para sugerir una secuela más allá de una graciosa escena post-créditos, pero vaya si no ha sido divertido el viaje en general.

A un ritmo de cinco o seis películas de superhéroes por año, lo que hace destacar a este filme del resto son los detalles. Durante décadas, hemos visto a los superhéroes en la gran pantalla llorar y lamentarse por poderes fabulosos, trajes chulos y una vida emocionante; sus vidas podían mejorar o empeorar gracias a sus dones, pero en último término siempre había una llamada a la aventura que justificaba su existencia. Por tanto, ver a un supertipo cuyo origen está en algo tan terrible y aleatorio como el cáncer, y que usa máscara, no para ocultar su identidad secreta, sino por el asco que da, es refrescante. Sobre todo, la parte del cáncer y su capacidad para destrozar física y mentalmente a una persona y a sus seres queridos, una perspectiva inesperada en un subgénero que considera adulto y realista los ceños fruncidos y la fotografía ponzoñosa, y que otorga humanidad a este protagonista que cobra por hacer daño a los demás.

 

Definitivamente, quizás, el mejor Reynolds

En una película con obvios fallos de estructura, intensidad dramática demasiado voluble y personajes secundarios subdesarrollados, cualquiera diría que acogerse a los detalles es agarrarse a un clavo ardiendo. Pero el gran motivo por el que merece la pena ver esta película es por el trabajo de Ryan Reynolds.

 

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Es notorio el coñazo que ha dado Reynolds en Hollywood para llevar a cabo esta película. De entrada, sintonizó a Deadpool en su papel de Hannibal King (en los cómics, un taciturno y algo llorón vampiro) para la horrible Blade: Trinity (David S. Goyer, 2004), e hizo lo que pudo con la versión del personaje que salió en Lobezno: Orígenes (Gavin Hood, 2009). Y aunque se hubiera podido desviar de su objetivo con Linterna Verde (Martin Campbell, 2011), no había entrevista en la que no expresara su deseo de poner a Wade Wilson al frente de su propia película.

Su última jugada, filtrando un vídeo de prueba dirigido a los mandamases del estudio, valió mucho más que su irregular trayectoria. Su última bala demostró ser la mejor, porque el revuelo causado consiguió luz verde para esta Deadpool. Y no hay fotograma en el que Ryan Reynolds no esté dándolo todo como agradecimiento.

Si no lo he dicho en algún momento, os lo digo ahora: lo que falta en el cine de superhéroes enmascarados es elasticidad. En los cómics, la falta de una cara que exprese emociones se resuelve con el dibujante buscándose las habichuelas con la gestualidad del personaje; en el cine, se resuelve desenmascarando al superhéroe, que para algo el actor se embolsa millones. En Deadpool, el personaje interpretado por Reynolds se mueve y gesticula como un dibujo animado, y para animar el cotarro (y recordarnos que esto es un medio audiovisual), habla con decenas de entonaciones distintas. A veces da miedo, a veces risa, pero siempre queda bien en pantalla y suena genial.

 

La polémica

Y aquí voy a entrar en una polémica que, es posible, me deje solo ante mis colegas de profesión y los más puristas. Deadpool expele bromas visuales, y por encima de todo, verbales, a una velocidad desmadrada. No me refiero a un sentido del humor por encima de la media, como las películas Marvel, sino al nivel de esquizofrenia de filmes como Agárralo como puedas (1988) o Hot Shots (1991).

 

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Esto significa dos cosas. La primera, que algunas bromas te harán gracia a ti y otras a tu compañero de butaca, pero que siempre habrá alguien riéndose en el cine. Deadpool es una experiencia placentera para todos aquellos que disfrutamos del cine en pantalla grande y de la comunión, no sólo con la pantalla, sino con el resto de espectadores.

La segunda, que si no tienes ni idea de inglés y sólo te enteras leyendo los subtítulos, es mejor que la veas doblada. ¿Es que te has vuelto loco?, preguntáis. Pero hay un motivo: muy rara vez, los subtítulos entregan la coña al mismo tiempo que el actor, ya que van por bloques y hay muy poco esfuerzo para adaptar las líneas al ritmo de la película. Por tanto, la mayor parte de la gracia se pierde al adelantarse tu lectura a la película. Luego el actor entrega la línea y es probable que su actuación consiga levantarte el chiste, pero casi siempre hay una sensación de anticipación. Y en una película tan dependiente de los chistes verbales, la demora entre lectura y actuación es un planchazo.

He tenido la suerte de verla tanto en versión original como doblada, y he de decir que la mayoría de coñas se han respetado. Hay un par de referencias pop obtusas que se han saltado y algún chiste se ha adaptado a nuestro idioma con acierto, pero lo único a lamentar es que el registro de José Posada, el actor de doblaje, es menos variado que el actor al que pone voz.

 

Conclusión

Deadpool puede estar orgullosa, y no por la recaudación. El director Tim Miller y los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick han levantado una película que necesitábamos ver en el cine, más ahora con la avalancha de cine de superhéroes que se nos avecina. Es hiperviolenta, soez, divertida y deja con ganas de mucho más pese a una dirección estándar y un guión que tiene que recurrir a triquiñuelas con la estructura para ocultar sus muchas carencias.

 

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Con una secuela en marcha, sólo queda cruzar los dedos para que las partes más flojas mejoren. Porque además, hasta el presupuesto moderado le ha sentado bien, dando un aire irrealista al conjunto, y a saber si un presupuesto abultado supondrá una lacra.

Lo importante es que sigan fijándose en la mejor etapa del personaje, la guionizada por Joe Kelly, que fue quien construyó el Deadpool que amamos y que se respeta en esta adaptación. Si lo hacen, podemos estar ante el nacimiento de una de las mejores franquicias de superhéroes de esta década y un estímulo para el universo mutante de la Fox.

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.

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