Crítica de Perfectos desconocidos – El fantástico de Álex de la Iglesia

Dirigida por Álex de la Iglesia – Escrita por Jorge Guerricaechevarria y Álex de la Iglesia – Protagonizada por Belén Rueda, Eduardo Noriega, Dafne Fernández, Juana Acosta, Ernesto Alterio, Eduard Fernández, Pepón Nieto – Producida por Telecino Cinema – Distribuida por Universal Pictures International Spain

 

 

El fantástico toma el control

El tema de los remakes parece haber rebasado el límite. No estoy en contra de las readaptaciones de largometrajes que ya tienen unos años o que, en su momento, fueron clásicos. Incluso, algunos, a día de hoy lo siguen siendo. Pero puede que volver a rehacer un film que solo tiene apenas un año de vida, es quizás algo extremo. Paolo Genovese ya trajo a sus Perfectos desconocidos en 2016, una cinta que fraguaba entre la comedia y el drama y que apelaba a desenmascarar los secretos de las parejas del siglo XXI a través de un simple juego durante una cena entre amigos normal y corriente. Dicho juego consiste en dejar encima de la mesa los móviles de todos los miembros del grupo y leer, sin privacidad ni filtro alguno, todos los mensajes que lleguen durante la noche así como responder a las llamadas con el manos libres activado. En términos generales, supone un estudio sociológico espectacular, puesto que cada uno de los personajes, y cada una de las parejas por consiguiente, representa un bloque concreto de la sociedad, por lo que es muy complicado no verse identificado con las situaciones que van surgiendo a lo largo de la cena.

La versión de Álex de la Iglesia y su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría, es casi clavada a la de Genovese, pero con una diferencia que la distancia a años luz de ella; que el fantástico es el elemento desencadenante del espectáculo. De la Iglesia le da un giro a la historia para que sea la luna de sangre la que altere el comportamiento del grupo y este vaya enloqueciendo poco a poco hasta llegar a un inesperado clímax que rompe por completo lo planteado en la cinta. Una luna de sangre, por cierto, que él adorna con historias sobre la extinción de los mayas y otras leyendas para acentuar, en mayor o menor medida, esa diferencia entre la versión italiana con la que comparte título. Y, desde luego, es un elemento que funciona de maravilla y otorga muchísimos puntos a favor para aquellos que somos fanáticos del género. Aunque es un arma de doble filo, puesto que la hace más atractiva, pero a la vez mucho más irreal. Roza, de hecho, el ámbito de la ciencia-ficción al acercarse demasiado a la Coherence (2013) de James Ward Byrkit. Tanto por su tono como por el fondo sobre el que se mueve la forma. Se aleja del realismo, o como mínimo el intento de realismo que Genovese intentó aplicar a su film, para no engañar al público en ningún momento y que este, desde un primer instante, sepa que los lares por los que se va a mover el argumento no son los estándares, sino que son totalmente ficticios. Es un punto a su favor, ya que tiene el doble de trabajo por representar una realidad de la que todos somos partícipes a partir de un motivo totalmente basado en supersticiones. Llegados a este punto, se podría decir que Álex de la Iglesia no ha realizado un remake al uso con todas las de la ley porque su Perfectos desconocidos es una interpretación distinta a la original. Mismo concepto, mismo escenario, inclusive mismos diálogos, pero una ejecución de cine fantástico que se aleja del neorrealismo italiano y le da su propia marca.

 

 

En el ámbito del reparto, Perfectos desconocidos (2017) no funciona igual de bien. Sí que es cierto que hay parte del él como Ernesto Alterio o Eduard Fernández que salvan en más de una ocasión –por no decir que tiran del carro la mayor parte de metraje- al elenco. A pesar de que, también cierto de igual modo, que es una buena oportunidad para ver a un grupo potente de actores nacionales verse las caras tan de cerca en un duelo interpretativo por ver quién se lleva la máxima atención por parte del espectador y logra el mayor número de papeletas posible para sobreponer su nombre por encima del resto. Son los protagonistas de un juego que les obliga a cambiar de carácter constantemente. Tan pronto ríen como tan pronto lloran, como tan pronto se desesperan o se enervan. Desde luego, el trabajo no es tarea sencilla y, sin duda, no es apto para cualquiera. Pero así como De la Iglesia desmarca su Perfectos desconocidos de la versión de Genovese a partir de un fantástico muy bien empleado, la cinta del último consigue una mayor conexión con el espectador mediante la empatía e implicación profunda de su reparto. Mientras que, esta, es más una especie de comedia que rompe la intimidad a partir de gags -muy bien solucionados, por cierto-.

Álex de la Iglesia ha conseguido romper los esquemas de los remakes con un acertado cambio de tono, y crear su propio largometraje distintivo a partir de otro. El segundo film del año por parte del director bilbaíno ha resultado ser una grata sorpresa que expone al mundo los lugares oscuros donde, hoy por hoy, las personas esconden sus trapos sucios.

 

https://www.youtube.com/watch?v=UqkXCILU_oE

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