Crítica de Los juegos del hambre: Sinsajo Parte 2 – La chica en llamas se apaga

Crítica de Los juegos del hambre: Sinsajo Parte 2 (The Hunger Games: Mockingjay – Part 2) – 2015 – Dirigida por: Francis Lawrence – Guión de: Peter Craig, Danny Strong y Suzanne Collins – Protagonizada por: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, Donald Sutherland, Philip Seymour Hoffman y Julianne Moore – Fecha de estreno en España: 27/11/2015

 

La saga de Los juegos del hambre concluye de una forma previsible y sigue adelante con sus ideas sobre la revolución, la guerra y la manipulación mediática. Por desgracia, que sea un rompe taquillas tan atrevido pese a su orientación hacia un público juvenil no la exime de algunas concesiones, ni siquiera del aburrimiento.

 

Los juegos del hambre Sinsajo Parte 2 Cartel Cinco79

 

Panem está en guerra consigo misma. Mientras la revolución, dirigida por Alma Colin (Julianne Moore), avanza posiciones hacia el Capitolio, éste responde con contundencia, castigando a los distritos sublevados. El Presidente Snow (Donald Sutherland), que teme no ser capaz de apagar el alzamiento, recurrirá tanto a la violencia como a la propaganda, porque una cosa está clara: cuando todo termine, nada será igual. ¿O sí? Mientras, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) se ve envuelta en los juegos políticos de ambos e intenta aclarar su corazón, que se debate entre Peeta (Josh Hutcherson), recién rescatado del Capitolio y aún con estrés postraumático por el lavado de cerebro al que fue sometido, y el eficiente soldado Gale (Liam Hemsworth).

 

Insaciable cual la llama

Una vez más, tenemos a Jennifer Lawrence como Katniss Everdeen, la joven que se atrevió a pensar por sí misma en un mundo atroz y que inspiró una revolución que ha terminado por engullirla. Se acabaron los días en los que podía salirse con la suya por mera fuerza de voluntad y, parafraseando una de las mejores escenas de este díptico, la chica en llamas se muestra apagada. No se puede culpar a la actriz: su personaje ha ganado en matices desde que se ofreciera como tributo en el puesto de su hermana, sensibilizándola ante un mundo demasiado violento, que está cambiando demasiado deprisa.

 

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Si miras la saga desde sus inicios, se puede apreciar el crecimiento de Jennifer Lawrence como actriz y la consideración que tienen los directores hacia ella a medida que su carrera ha ascendido. En Los juegos del hambre (Gary Ross, 2012), era una actriz conocida por ser fuerte (estuvo nominada a un Óscar por Winter’s bone en 2011) y ese carácter sirvió para que no se viera eclipsada por actorazos en el papel de secundarios que, en otras sagas, más que legitimar la historia sirven para colárserla al público.

 

Ahora que Lawrence es una estrella y mejor intérprete, tiene primeros planos de sobra para comprobar el ánimo de Katniss aunque, como explicaré más adelante, puede ser más por torpeza que por su estatus de estrella: no obstante, estos planos muestran a una Lawrence hastiada. En general, el hambre de Hollywood por alimentarse de esta franquicia, dividiendo Sinsajo en dos partes, se cobra su tributo devorando el ánimo de todos los actores.

 

Me decepcionó aún más que el componente romántico haya tenido tanta importancia al final de la saga. Cuando empezó, la propia Suzanne Collins se reía de las expectativas románticas de los lectores juveniles y la tendencia a mezclar los nombres de los protagonistas: por eso la unión de Katniss y Peeta es Peeniss (que suena igual que penis, “pene” en español), y por eso tanto en Los juegos del hambre como en En llamas, se utiliza esta búsqueda de la unión romántica de ambos de forma cínica y hasta desesperada. Katniss y Peeta estaban juntos no porque se quisieran, sino porque era la única forma de sobrevivir ambos. Que sí, que el roce hace el cariño y las decisiones de Gale como soldado pesarán en el corazón de Katniss, pero ver a esta chica debatirse entre dos amores a lo largo de dos películas parece impostado e injusto. Para cuando termina la saga, da la sensación de que al final es lo único que ha importado, y no es así.

 

Quemo, abraso y me consumo

Nadie dijo que la revolución fuera fácil, por mucho que la ficción la glorifique. Es algo que no se llega a explorar del todo en su representación, porque hay algo bonito en la idea de la revolución, pero algo atroz en su ejecución: acabar por la fuerza con un sistema que existe, por muy cruel que éste sea, supone aceptar que la sangre llegará al río y que, al final, lo que justifica el levantamiento se impondrá moralmente a cualquier decisión que se tome, por cuestionable que sea. Los juegos del hambre siempre ha jugado con esto y su valentía por tratar estos temas en un tiempo tan convulso como éste es loable, pero no ha encontrado la forma de llegar a una conclusión coherente que sea más entretenida.

 

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Porque Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2 aburre al abusar de las mismas situaciones. Con la primera parte llegué a pensar que las constantes paradas para replantear la situación formaban parte de un plan, el de desarrollar sus personajes antes del asalto final, pero me temo que sólo era una forma perezosa de narrar. Ya no hay circo para las masas, y a pesar de la revolución, su director Francis Lawrence y los guionistas deciden trasladar la acción al terreno emocional, donde se muestran muy inseguros y pivotan una y otra vez sobre el conflicto interno de los protagonistas: saben que el espectador no necesita explicaciones para una escena de acción, pero creen que sí las necesitan para el drama.

 

No he leído los libros, pero la cuestionada calidad como narradora de Suzanne Collins, que aquí ejerce como una de las responsables del libreto, es transparente, sobre todo en la parte final. No voy a destripar los últimos compases de la película, pero basta decir que, pese a que se llega a una conclusión lógica, ésta carece de emoción. Las dos partes de Sinsajo forman un gran anticlímax, porque llegados a cierto punto la saga no sabe si quiere seguir explorando la revolución o la indecisión amorosa de Katniss, y termina entre dos aguas.

 

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Para colmo, están los brochazos con los que se pergeña la historia, que son demasiado evidentes. Nunca ha sido una saga que se caracterice por la sutileza (Panem se llama así por el lema “Panem et circenses“, pan y circo, un método por el que un gobierno mantiene contentas a las masas a pesar de su gestión), pero me sorprendió para mal la falta de tacto con la que se narra la trama política. En un momento dado, el personaje de Alma Colin pasa a ser una caricatura con unas decisiones muy cuestionables que sirven para impulsar, de forma artificiosa, un clímax efectivo tanto para Katniss como para la historia. La magia de la narración está en no ver los hilos del que narra, pero es imposible no percibirlos cuando a los responsables les falta poner carteles explicativos en las escenas clave.

 

¡Llama soy sin duda alguna!

Quizá el mayor error de Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2 es que no supera lo que se esperaba de ella. La acción que se muestra en pantalla es vibrante y está bien resuelta; Francis Lawrence se pega a sus protagonistas e incluso se auto homenajea con esos mutos sacados de Soy leyenda (2007), y ni él ni los guionistas se pierden pese a abordar varios frentes. Sin embargo, se echa en falta más acción, porque sabe a poco.

 

Que mis pegas no os alejen de la película, porque sigue siendo una serie a reivindicar. Uno no espera el nivel de crudeza de Los juegos del hambre por basarse en literatura juvenil, pero los temas de crecimiento, sacrificio y pesimismo están presentes, y lo que es mejor: duelen. Nada sale gratis en el mundo de Panem, y Katniss lo descubre golpe a golpe, y el tono, a pesar de la falta de humor, es consecuente.

 

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Esta segunda parte de Sinsajo atesora además el mejor momento y el más escalofriante, cuando unos civiles intentan entrar en el Capitolio: la sensación de peligro inminente, el suspense y la atónita mirada de nuestra protagonista consiguieron que clavara las uñas en el asiento y, con su desenlace, que la sorpresa se mezclara con la percepción de una tristeza infinita. Es imposible no creer que escenas como esas suceden en nuestro mundo. Y de eso se trata, de que el espectador aprenda a pensar y a tejer paralelismos con lo que le rodea.

 

Al final, Los juegos del hambre ha sido una saga, tanto literaria como cinematográfica, que imitando a su protagonista, ha terminado engullida por el éxito, la ambición de Hollywood y las expectativas que ha generado. Hay que agradecer todo lo que nos ha regalado y todo lo que la diferencia de otras sagas juveniles, así como el haber demostrado que es posible una saga de acción con una protagonista femenina fuerte y no necesariamente simpática, pero al final nos queda un puñado de cenizas, y algo positivo puede surgir de ellas.

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.

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