Crítica de Feliz día de tu muerte – Atrapada en un slasher

Director: Christopher Landon – Guión: Christopher Landon, Scott Lobdell – Música: Bear McCreary – Fotografía: Toby Oliver – Reparto: Jessica Rothe, Israel Broussard, Ruby Modine, Rachel Matthews, Charles Aitken, Jason Bayle – Productora: Blumhouse Productions / Digital Riot Media

 

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El subgénero del slasher no es más que una versión moderna de los cuentos de hadas: suelen ser historias conservadoras donde la desviación de las normas lleva a una muerte horrible a manos de un asesino. Se pueden conocer las motivaciones o no, pueden estar relacionadas con las víctimas o con hechos del pasado; puede ser una persona real o una entidad; en el fondo, se trata de castigar una conducta.

Por otro lado, las historias de tipo Atrapado en el tiempo (1993) tienen un propósito moralizante. Por muy superficial que sea el argumento o plano el personaje protagonista, siempre queda claro que la repetición constante le lleva no sólo a solucionar el bucle en el que está atrapado, también a mejorar como persona: en ocasiones, el bucle mismo está causado por esa conducta. Por supuesto que hay variantes, como en el slasher mismo, pero el arquetipo señala que hay un punto de iluminación, de redención.

La mezcla de ambos tipos de historia debería, por tanto, ser un matrimonio hecho en el cielo, pero Feliz día de tu muerte prueba que un buen concepto no puede sostener un guión normalito.

La chica de la sororidad en el slasher

Tree Gelbman (Jessica Rothe) no es lo que se dice una buena persona: es una estudiante que se acuesta con su profesor sin remordimientos porque esté casado; trata a los demás, incluso a las chicas de su hermandad, como objetos para su uso o receptores de su despecho; ni siquiera se habla con su padre pese a una tragedia familiar que debería unirles. Está claro que necesita una lección, pero el día de su cumpleaños esa lección llega en forma de asesino con máscara de bebé… y al morir vuelve a repetir el día.

 

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¿Quién es el asesino? Podría ser el chico junto al que se levanta todos los días del bucle, Carter (Israel Broussard), que se convertirá en un eventual aliado. A lo mejor es la presidenta de la hermandad, o su compañera de cuarto, o el profesor con quien se acuesta… Tree no lo sabe, pero repetir el mismo día y ser asesinada cada vez de forma distinta por la máscara de bebé, que parece seguirla y empeñada en matarla a ella, le está volviendo loca.

La culpa es de Landon…

Detrás de una premisa tan interesante hay un montón de ángulos interesantes que explorar. ¿Sabe el asesino que Tree está en un bucle? ¿El bucle depende exclusivamente de que sea asesinada o pasará también si muere accidentalmente? Lo de menos es conocer el motivo del bucle, pero da igual, porque Feliz día de tu muerte esquiva todas y cada una de las respuestas más emocionantes.

 

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Se deja llevar, segura de que su premisa le permitirá seguir adelante, pero se empantana en sus propósitos. Por el lado de dirección, Christopher Landon no parece muy interesado en hacer un slasher, al plantear cada muerte con una asepsia desmoralizante: sólo se salvan un poco el brío de alguna que otra persecución y, sorprendentemente, algunas de las interacciones de Tree con sus compañeros de reparto.

… pero sobre todo de Lobdell

Si como slasher es demasiado pacata, al menos como en su historia de bucles debería funcionar, pero sólo lo hace de verdad al principio y al final. En medio, la trama se atasca y parece improvisar preguntas, respuestas y giros dramáticos hasta que las cosas comienzan a encajar para el clímax.

 

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Nada de esto debería sorprenderte si eres lector de cómics: el guionista de aquí, Scott Lobdell, es un habitual de los mutantes Marvel y ahora de DC. Narrador mediocre con ocasionales destellos, se caracteriza por una incapacidad para dar distintas voces a los personajes (algo que por suerte no ocurre en la peli) y por improvisar las tramas, de modo que se obliga a desdecirse a sí mismo y a que sus clímax sean pegotones sin mucho sentido.

Aquí está claro que Lobdell tenía una idea muy escueta de lo que pretendía, ese high concept de Atrapado en el tiempo + Viernes 13, y no supo, tampoco los que estuvieron a su alrededor, darle una mejor salida.

La orquesta de una sola mujer

Con todo, la película salta por encima de la mediocridad gracias al trabajo de Jessica Rothe, cuyo personaje pasa de la bordería malencarada y el egoísmo sin filtros de su inicio a la candidez, ganas de normalidad y arrepentimiento de su parte final.

Este tipo de argumentos, en el que la repetición constante lleva a un cambio, se prestan a un recital actoral. Requieren un actor capaz de ir de un rango muy negativo a uno positivo y que sea posible. Bill Murray tiene la mejor interpretación de su carrera en Atrapado en el tiempo porque lo da todo y porque cualquier cambio en su personaje es inmediatamente visible: es por eso, entre otras cosas, por los que todos recordamos el clásico de Harold Ramis y no 12:01 Testigo del tiempo, en el que Jonathan Silverman hacía lo que podía, que no es mucho.

 

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Cuando empieza Feliz día de tu muerte, no quieres cruzarte con Jessica Rothe. Ni siquiera te pones de su lado al ser asesinada, al ser la prototípica chica de hermandad que en cualquier slasher se despacha casi de las primeras. Para cuando llegan los créditos sólo quieres acompañarla un poco más, aunque sabes que ya está todo vendido.

Feliz día de taquilla

A día de hoy, Feliz día de tu muerte ha recaudado muchas veces su presupuesto inicial. Blumhouse, la productora del film, puede estar contenta por haber conseguido otro producto solvente que llene las arcas de cara a futuras producciones más grandes y encargarse por igual de otras más modestas.

 

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Pero no puedo evitar pensar que con sólo un pasito más en la dirección, con sólo un esfuerzo más en el guión, estaríamos ante una película más que notable y no un menú de comida rápida.

Todos repetimos los mismos días: yo mismo no podría distinguir la mañana en la que termino esta crítica de aquella en que la empecé. La forma que tenemos de combatir la monotonía no siempre son grandes gestos, como declaraciones dramáticas de amor o cambios de empleo o la enfermedad de un familiar: a veces, nos basta una hamburguesa barata y algo de compañía agradable.

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Adrián Álvarez

Adrián Álvarez empezó a escribir en Internet en 2004 y no ha dejado desde entonces de volcar su sabiduría en distintos medios de comunicación. El último gran guionista audiovisual, compagina su trabajo como redactor en Cinco79, co-fundado por él, con otras doscientas webs y un empleo que le da de comer. También hace la mejor tortilla francesa de España.