Crítica de Feedback – Show must go on

No son muchas las películas que a día de hoy consiguen dejarnos sin aliento en el cine. La ópera prima de Pedro C. Alonso, apadrinado por Jaume Collet-Serra (La huérfana, Infierno Azul) es un auténtico ejemplo de cómo gestionar la tensión en un thriller y hacer que esta se convierta en puro terror. Feedback es un retrato de la doble moral a través de la fama que busca incomodar al espectador haciéndole partícipe de un secuestro violento en una emisora de radio londinense. Y quizá incluso la palabra violento se queda corta para describir las cantidades de sangre que chorrean por la puesta en escena del debut de Alonso. El novel despliega un conjunto de situaciones macabras con una sencillez abrumadora. Hace que todo parezca más con menos e intenta abordar el género sobre el que se mueva de la manera más original posible en lo que se refiere a tratamiento formal. 

En su composición estética y, por ende, narrativa, Alonso rechaza las fórmulas modernas del thriller y pone su punto de mira en los clásicos. Los planos que construye en Feedback son como el escenario: cerrados, opresivos y asfixiantes. El director pone su punto de mira en films como La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer, para destacar la angustia que sienten sus personajes. Remarca las emociones con primeros planos que rebosan sudor y tensión por sus cuatro costados. Y aun a pesar de que es un recurso que repite a lo largo de todo el film, no pierde valor en ningún momento. Alonso deja respirar al público, y a los personajes, en muy pocas ocasiones. Feedback busca establecer una potente conexión el público mediante el uso de las redes sociales para concienciarlo que cualquiera puede ser un monstruo, pero solo los más famosos, que se traduce en el film como los más poderosos, se salvan y quedan impunes de cualquier atrocidad que hayan podido hacer.  Traducido también a “las apariencias engañan”. 

Ahí es donde las interpretaciones de Eddie Marsan e Ivana Baquero destacan mucho por encima del resto de sus compañeros de reparto. Sobre todo el primero, puesto que es el que está constantemente al pie del cañón y debe hacer el papel de agente doble de cara al público. Debe representar justamente que no todo es como parece y que la verdad puede ser manipulada hasta límites que no creeríamos. 

El guion, por otro lado, sí que se ve algo desgastado. Desgastado en el sentido de que lo que viene a querer transmitir, no es nada nuevo, puesto que se ya se ha podido ver en otros largometrajes como Hard Candy (2005, David Slade) o Big Bad Wolves (2013, Aharon Keshales, Navot Papushado). Además, Alberto Marini, veterano del cine de género que coescribe la historia junto con el director, viene de trabajar con Miguel Ángel Vivas en Tu hijo (2018, Miguel Angel Vivas), y se descuida de dejar demasiadas similitudes entre un texto y otro. Aunque una vaya por caminos similares a los que se explotaron con la figura de Charles Bronson y, la otra, por títulos ya mencionados como Big Bad Wolves

Pero, con todo, Alonso consigue dar forma a una obra bastante personal que se acerca al social horror thriller. Feedback es ideal para los que busquéis pasar un mal rato en el cine. Para los amantes del terror físico y psicológico pero que no soportan tanto jumpscare –y con razón- aleatorio que termina provocando microinfartos por los, a veces insoportables, golpes de sonido, y que sirven para tapar la carencia de fondo de muchos largometrajes de género. 

  • Lo mejor: La atmosfera y el in crescendo de su locura. 
  • Lo peor: Su monotonía en el guion. 
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