Crítica de Baby Driver – Acción, música y persecuciones

Crítica de Baby Driver – Escrita y dirigida por Edgar Wright – Protagonizada por Ansel Elgort, Kevin Spacey, Lily James, Jon Bernthal, Eiza Gonzalez, Jon Hamm, Jamie Foxx – Distribuida por Sony Pictures Releasing España

 

 

La sucesora de Drive

Baby Driver es sin duda una firme candidata para ser la nueva Drive que dirigió Nicolas Winding Refn allá en 2011. Solo que aquí, el director Edgar Wright prefiere utilizar un estilo más cercano al del blockbuster y al de Fast and Furious para construir una historia de amor entre dos jóvenes obsesionados por la música y con la carretera. Es de esas películas palomiteras que no pretenden transmitir ningún mensaje profundo al espectador -salvo que el mal nunca gana- y, por el contrario, hacerle disfrutar como un enano en la butaca del cine. De hecho, Baby Driver es sin duda una mustsee de este verano y la mejor cinta que Wright ha firmado hasta la fecha. Demostrando que no solo los dramas complejos que intentan transmitir una especie de poesía encriptada son los únicos capaces de hacer buen cine.

 

El film narra la típica historia de criminales que planean dar un último y potentísimo golpe para vivir el resto de su vida nadando en dinero sin preocuparse por nada más que no sea contar billetes. Es obvio que la historia es la misma de siempre, pero Wright nos la cuenta de un modo original -basándose sobre todo en el estilo de hacer cine de Wes Anderson– dejando ver su obsesión por los tiempos y por el ritmo del montaje al ritmo de la música y de los tiroteos. Resulta algo muy agradable de ver, puesto que todos y cada uno de los momentos de acción -e incluso no acción- están coordinados por la música que el protagonista, Baby (Ansel Elgort) escucha sin parar. Y no es nada sencillo que cada disparo, cada frenada del coche, cada acelerón, estén marcados por una canción determinada que hacen que uno mismo se sienta dentro del momento que están viviendo los personajes. Lo que define al director como un maníaco y un controlador de su material para que todo quede equidistante y perfecto.

 

 

Y por si el exquisito montaje ni el tema de acción del largometraje fueran suficientes, a ello se le suma un reparto de escándalo. Empezando por el ya conocido y reconocido Kevin Spacey (House of Cards, Seven), que lleva la batuta de la banda de criminales que protagonizan el film, y que ofrece una actuación brillante, como a las que nos tiene acostumbrados normalmente. Seguido por un Jamie Foxx que sale bastante de su onda habitual para encarnar a un sádico psicópata que está obsesionado con el asesinato. Su personaje, en Baby Driver, bien podría ser un spin-off del que interpretó en Cómo acabar con tu jefe; Dean Jones, porque encajaría de maravilla. Y, por supuesto, destacar al ya nombrado Ansel Elgort como protagonista absoluto del film. Aunque la cinta de asemeje demasiado a Drive, Elgort no pretende copiar o parecerse -aparte del vestuario- a Ryan Gosling. Más bien le da a su personaje un toque despreocupado, menos serio, y divertido. No es de grandes diálogos, pero no los necesita para ganarse el espectador con su carisma.

 

Por lo demás, Baby Driver es una película espectacular que, aún ofreciendo lo mismo que otras de su mismo género, destaca por su dinámico montaje que hace sus tres actos pasen volando, la buena música y, sobre todo, por sus personajes. Con un protagonista con una historia fascinante -y, en este caso, original- y con un Kevin Spacey que devora, literalmente, la pantalla cada vez que aparece en escena. De visionado obligatorio para este verano y de compra para cuando salga disponible oficialmente.

 

 

Veredicto

Lo mejor: Su música, la acción, los personajes y el montaje.

Lo peor: Su tercer acto llega a ser un poco extenso.

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