Crítica de Creed. La Leyenda de Rocky

Crítica de Creed. La leyenda de Rocky (Creed) – 2015 – Dirigida por Ryan Coogler – Protagonizada por: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Phylicia Rashad, Will Blagrove, Juan-Pablo Veza, Andre Ward, Tony Bellew, Philip Greene, Manny Ayala, Cory Kastle, Vincent Cucuzza y Christopher Weite – Guión de Ryan Coogler y Aaron Covington – Producida por: Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Warner Bros Pictures y New Line Cinema – Distribuye: Warner Bros Pictures España – Fecha de estreno: 29/01/2016

 

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Adonis Johnson (Michael B. Jordan) no llegó a conocer a su padre, Apollo Creed, eterno rival de Rocky Balboa y campeón del mundo de los pesos pesados, muerto a causa de los letales golpes del boxeador Ivan Drago, hecho que ocurrió antes de que él naciera. El joven Adonis quiere seguir los pasos de su padre y dedicarse al boxeo y, por qué no, recuperar el título de campeón que consiguió su padre en 1979. Nadie puede negar que lleva el boxeo en la sangre, así que el joven se traslada a Filadelfia, lugar en el que se celebró el legendario combate entre su padre y Rocky Balboa.

 

Pero para llegar a la cima del pugilismo necesita mucho esfuerzo y dedicación, que en resumidas cuentas se traduce en mucho entrenamiento. El hijo del antiguo vencedor buscará a alguien que cumpla la función de mentor para ayudarle en su camino hacia la victoria, momento en el que Rocky Balboa (Silvester Stallone) entrará en escena. En un principio el boxeador retirado dudará sobre la propuesta de volver a las andadas e insiste en que ya ha dejado ese mundo para siempre. Finalmente aceptará, ya que ve en Adonis la misma fuerza y determinación que tenía su padre. Rocky ayudará al joven a conseguir su sueño, enseñándole sus exitosas técnicas y transformándole, en cierta manera, en su sucesor.

 

Ryan Coogler (Fruitvale Station) co-escribe y dirige con mano de campeón mundial este drama deportivo. Coogler, de 29 años, originario de Oakland, y futuro director de Black Panther, lleva la saga a un nivel superior. De hecho, la convierte en candidata al Óscar… al igual que sucedió con la primera entrega de Rocky en el ya lejano 1976.

 

En aquella ocasión la estatuilla no se escapó del ring.

 

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¡El espíritu de Rocky nunca muere!

Y en esta ocasión queda más claro que nunca. Séptima película de una saga que, a priori, parecía finiquitada, Creed es, desde luego, un reboot muy bien recibido, no sólo por los fans de Stallone, o de Michael B. Jordan. Los nostálgicos de la épica boxística con la dosis adecuada de drama, también están de enhorabuena. Para aquellos a quienes les aterrorice ver todas los filmes en los que Rocky Balboa de una u otra manera sube al ring… hay buenas noticias. Digamos que no es necesario. En cualquier caso, un hecho es innegable… Rocky y sus aventuras parecen envejecer con cierta elegancia y con más que aceptable calidad.

 

No pueden faltar, por supuesto, los ya míticos entrenamientos antes del combate final, las frases motivadoras, esa banda sonora… ¡subir la archiconocida escalera en Philadelphia! Pero todo adecuado a los tiempos que corren, tiempos ansiosos de ingenuidad e inocencia, pero carentes en muchas ocasiones de ambas y en los que se reclama inmediatez para todo. Creed se toma su tiempo: 132 minutos que a algunos les parecerán eternos, y que están sabiamente dosificados.

 

El hijo de Apollo da la talla. Si bien no destila la magia en pantalla con la que deslumbraba su “padre”, sería injusto decir que no está a la altura. Además, un hijo es producto de sus propias circunstancias y ha de librar sus propias batallas, lo que puede hacerle parecer a su progenitor en algún momento, pero no le obliga a convertirse en un clon de este. Así que los que esperen ver a Michael B. Jordan entrando en el cuadrilátero al ritmo de “Living in America“… como que no.

 

Apollo es Apollo. Adonis es Adonis… y ambos son Creed.

 

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¡Eh, Creed…! ¿Rocky es Mickey?

Mickey Goldmill (Burgess Meredith) era único y ya no está. Entrenó a Balboa en las tres primeras películas de la saga. Cuando falleció aquel anciano estricto, temperamental, y muy profesional, Rocky perdió a uno de los más sólidos personajes de la serie.

 

Aquel ex-boxeador que en su juventud fue aclamado por su técnica y valentía, pero que nunca consiguió un título mundial, fue el encargado de llevar a su pupilo a lo más alto. Dotó a Rocky de una sabiduría pugilística que le hizo salir airoso de las más duras batallas sobre el ring… y dejó un legado. Un legado que, en Creed, convierte a Silvester Stallone en el nuevo Mickey. Más reposado, menos visceral, y sobre todo más consciente que nadie de la verdadera naturaleza del boxeo y del mundo que le rodea, Rocky Balboa es la mejor opción de Adonis Creed para tocar el cielo con las manos.

 

Una gran interpretación que le está valiendo numerosos reconocimientos y algún que otro premio, hace Stallone del eterno mentor que encontraremos en miles de historias similares: esa figura necesaria, imprescindible a ratos, que lucha sus propias batallas y da lo mejor de sí mismo para proteger y encaminar a su discípulo. Reflejo tenue, pero reflejo al fin y al cabo, de quien fue enemigo y amigo.

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