Cara de ángel: género negro con elementos sobrenaturales.

Tras el éxito obtenido con “Reliquias”, esperaba con cierta ansia la publicación de esta segunda obra de los productivos Koldo Azpitarte y Ángel Unzueta: “Cara de ángel“. En esta ocasión, en vez de una trama de fantasía oscura como su obra precedente, nos ofrecen una historia al estilo “noir” más clásico con algunos toques sobrenaturales que, dadas las fechas en las que estamos, vienen que ni pintados.

 

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Portada de “Cara de ángel”.

Un familiar comienzo policiaco

¿Qué podemos decir al respecto? Todo comienza como si fuese una película de género negro de los años 60: Paul, un veterano de la Guerra de Corea, despierta tras una noche de borrachera y pelea (a juzgar por el ostensible golpe que le ha partido el labio) al recibir una llamada de teléfono en la que se le informa de que su mujer ha sido asesinada en el Hotel Ambassador, de Los Ángeles. Una vez allí, la vista del cadáver despierta en él viejos fantasmas en forma de los recuerdos de un ominoso acto que cometió durante la guerra. Para terminar de arreglar las cosas, Bill, fiscal del distrito, antiguo amigo y compañero de Paul y amante de Diane -la mujer del protagonista-, se encarga del caso y tiene un encontronazo con el veterano.

 

Al llegar Callie, la hija del protagonista y la finada, a la escena del crimen, Paul toma la decisión de llevarse a su hija con él a su tranquila vida en su rancho del lago Tahoe, entre California y Nevada. Allí consiguen recuperar una relación padre-hija fluida y cordial en la que la niña consigue recuperar la sonrisa, pero… las cosas no son tan sencillas.

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¿Es realmente lo que parece?

Folklore americano

Es en este punto en el que el torturado veterano de guerra se desvela como un mestizo de la tribu Washoe, dentro de cuyos límites se encuentra el rancho familiar en el que padre e hija llevan lo que parece perfilarse como una vida feliz, pero la chamanesa de la tribu les trae noticias ante algunos hechos de procedencia sobrenatural: Paul, como medio washoe, tiene la capacidad de percibir el mundo espiritual durante el sueño, así como escuchar a los espíritus… Y éstos les hablan, les advierten contra algo. Paul los percibe en sueños, Callie los ve, pero… ¿Qué les amenaza? ¿Quiénes intentan hacerles daño? ¿Contra qué les advierten? ¿Realmente es todo lo que en principio parece ser? Encontraremos elementos que nos recuerdan a la película “Poltergeist” (Tobe Hooper, 1982), pero con un toque mucho más amable y protector: están los espíritus, está el lugar nativo sagrado sobre el que no se debe derramar sangre… Pero no hay más. El elemento sobrenatural es un toque más dentro de la trama, pero no se sobrepone a ella. Es una trama de género negro, sin más.

 

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¿Realmente los espíritus buscan hacer daño?

Un notable proceso de documentación

He disfrutado mucho de la cantidad de detalles reales que encontramos en “Cara de ángel“, que nos muestran un exhaustivo y mimado proceso de documentación: vehículos como la Pick-up Ford F-1 del protagonista, o el coche de policía Chevrolet Fleetline Aerosedan de la patrulla de carreteras de California; los lugares, como el Hotel Ambassador citado al principio, o la cárcel estatal de San Quintín, o el “Marin General Hospital”, así como armas (me encanta el detalle de la mención al cuchillo de combate “Ka-Bar”, de dotación en el cuerpo de Marines de los Estados Unidos), vegetación, ambiente, vestuario… Todo perfectamente adaptado a la moda de finales de los años 50. De hecho, siguiendo las pistas que se nos dejan en el contexto de la historieta, “Cara de ángel” transcurre en un punto indeterminado entre 1959 y 1961. Veamos: Callie tiene entre ocho y diez años, y nació cuando Paul estaba en Corea… Si el conflicto transcurrió entre 1951 y 1953, probablemente naciese en el 51 (recordemos que el embarazo dura nueve meses) y, de tener 10 años, estaríamos en 1961 pero, si tuviese ocho, nos movemos en 1959.

 

El aspecto formal: una trama muy cinematográfica

Otro aspecto altamente destacable de “Cara de ángel” es el uso de los planos y los colores, que nos evocan esas imágenes de las películas de cine negro de los años 60, al estilo de “Código del hampa” (Don Siegel, 1964) o “El confidente” (Michelangelo Antonioni, 1962). El guión se complementa con la imagen a la perfección, facilitando la transición del curso de la historia de manera fluida y clara, así como incorpora elementos que todo aficionado al género reconocerá, como la voz en off que enmarca una determinada escena. No me extrañaría que algún realizador avispado aprovechase la ocasión para llevar “Ojos de ángel” a la gran pantalla.

 

¡Y no nos olvidemos de los extras! Los autores nos obsequian con los “archivos” del proyecto “Cara de ángel“: dos páginas en la que los autores nos cuentan el génesis y las influencias más evidentes de la historia: John Connolly, Stephen King, Ross McDonald… Pero no se queda así: en las dos páginas siguientes se nos habla directamente de los autores. ¡Y hay más! Dos páginas en las que se nos habla de los indios washoe, y se nos muestra la “Cave Rock”, otro elemento geográfico que sale en el cómic; y otras dos que nos dan una breve semblanza de la Guerra de Corea. Cierra con siete páginas que se encargan del aspecto artístico: estudio de personajes, de paginado y de portadas al alcance del lector.

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Ángel Unzueta (izquierda) y Koldo Azpitarte (derecha). Los orgullosos padres de esta obra.

Y, para terminar: una obra redonda

No nos dejemos en el tintero que “Cara de ángel” cuenta, además, con el respaldo de un guionista ejemplar que ha prologado la obra: Juan Díaz Canales, experto guionista de este género en particular en el que ha dado cumplida cuenta a través de su obra más conocida, “Blacksad” (de hecho, no me habría extrañado que esta historia la hubiese protagonizado este conocido gato detective). Todo un espaldarazo a una obra altamente notable y recomendable a la que no se le puede encontrar flecos ni debilidades (quizás, un pequeño e insignificante error de raccord en la contraportada, en la que aparece el protagonista empuñando un revólver Colt Peacemaker mientras que en el cómic usa una pistola automática, quizás un Colt 1911, pero que no se llega a ver bien).

 

Así que no queda mucho que decir aparte de que es un cómic que no debe faltar en la estantería de todos aquellos a los que les guste el género negro, o el cómic en general, o el género sobrenatural… Es una historia que gustará a todos los amantes de las obras bien hechas.

 

Cara de ángel“: un cómic llamado a convertirse en un clásico.

 

 

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Francisco J. Illescas Díaz

Redactor nacido en el 75, sin más. Maestro de titulación y vocación, mas no de oficio; amante de la Historia y las buenas historias; cronista más que literato; redactor más que escritor e incansable investigador y lector; catedrático apócrifo de sarcasmo y sofística; discípulo de mucho... Y freak de primera generación.

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