Capitán Britania. El héroe británico de Alan Moore

La libertad creativa es un don tan preciado que hay que saber valorarlo cuando nos encontramos con él. Marvel UK fue algo así hace ya algunas décadas. Era como si unos desconocidos adquirieran, sin saber muy bien cómo, la capacidad de jugar con los mismos juguetes de los hermanos mayores sin ningún tipo de atadura. Así nació Capitán Britania, un héroe de comienzos de los años 80 que se sacaron de la manga dos de esos autores británicos que, por fuerza, tenían que acabar ascendiendo al primer nivel, Alan Moore y Alan Davis.

Bienvenidos a uno de esos tebeos locos, chalados y casi alucinógenos que da gusto leer tanto tiempo después de que las creativas mentes de sus responsables vomitaran este torrente de imaginación tan brillante.

Es verdad que, leído ahora, este Capitan Britania, puede verse como un caos descontrolado y anárquico, un tren en constante peligro de descarrilamiento en el que Moore y Davis volcaron todo lo que se les iba ocurriendo, sobre la marcha y sin un orden predeterminado, sin saber si quiera si había un plan. Pero lo hay, eso está claro. Es Alan Moore, no puede haber un caos absoluto si él está detrás de todo esto, y si se observa detenidamente entre la orgía de ideas locas que vemos, se encuentra. El tema es que, como es tan condenadamente bueno escribiendo, nos lleva a ese terreno de esta manera, haciendo que sintamos el mismo vértigo que Brian Braddock cuando se da cuenta de que su mundo se desmorona y nada tiene el sentido que un superhéroe espera.

El Alan Moore más psicodélico

Estas, desde luego, no son historias clásicas. Hay un héroe, por supuesto, pero no hay un villano nítido y claro. Ni siquiera uno permanente. Brian va luchando contra lo que le toca mientras está aprendiendo a utilizar los nuevos poderes que le da su traje y, al mismo tiempo, intenta volver a casa. Porque esto es un viaje dimensional antes que cualquier otra cosa. ¿O es una comedia de acción? ¿Un cómic de superhéroes? Acabamos antes si decimos que esta es otra muestra más del Alan Moore más psicodélico e imaginativo, el que nos legó, por ejemplo, Miracleman, aunque esta tenga que estar firmada por “El guionista original” por las neuras que tiene Moore hacia la industria.

Pero este es un Moore todavía puro, uno que tenía unas ansias brutales de entretenimiento y que, incluso escribiéndolo de maneras distintas a las tradicionales, todavía no tenía interés en destruir la figura del superhéroe. Si ponerle en aprietos serios, claro, porque esa es la base de toda batalla del bien contra el mal, pero entrando ya en esos terrenos ambiguos que tanto le gustan al creador de Watchmen. Lástima que Moore dejara la serie, aunque quienes cogieron el testigo, el propio Davis y Jamie Delano también acertaron siguiendo el tono y añadiendo, además, a Meghan, base indiscutible también de lo que acabó convirtiéndose en el Excalibur de Chris Claremont… y Alan Davis, claro está.

Alan Davis y el Capitán Britania

Porque Davis es, claramente, un autor que no podemos separar de la figura del Capitán Britania. Su estilo se fue depurando con los años, y no tenemos en este volumen su trabajo más fino. Pero se le reconoce, y el despliegue de imaginación que hay en cada página es de un nivel sobresaliente. Davis es capaz de que nos creamos el escenario más loco, y nos acompaña con los exagerados rostros que sabe encajar en el realismo más asombroso, jugando con las máscaras casi como si no existieran. Eso que con Batman consiguió que pareciera normal lo venía haciendo ya desde los tiempos de Capitán Britania.

Si miramos el trabajo de Davis desde la perspectiva de lo que sabemos que es capaz, puede que encontremos más detalles que alcancen el nivel de espectacularidad que se espera de él. Pero recordemos que esto es un cómic que vio la luz en 1981. Tampoco hace falta que hagamos un trabajo de maquillaje porque el dibujo está en las antípodas de lo reprochable. Suyo es el mérito de que el Capitán Britania sea un personaje de porte increíblemente heroico y fuerte, pero también de que todo lo que sucede a su alrededor sea igual de brillante.

Una locura tan sana como ‘Excalibur’

Los nombres que hay en la cubierta del libro hablan por sí solos. Capitán Britania, por Alan Moore, Alan Davis y Jamie Delano. Es que no se puede pedir mucho más. Con ese necesario ejercicio de contextualización, que tiene que ver tanto con los autores, especialmente con Moore, como con el propio contexto del superhéroe, este volumen es pura magia, y una divertidísima regresión a los tiempos en los que sanas locuras como esta, o como la posterior de Excalibur, eran pequeñas rarezas que había que degustar sabiendo que buscaban marcar una diferencia con respecto al cómic de superhéroes más tradicional. Hoy sigue marcándola. Y hoy se sigue disfrutando como entonces.

Panini publica Capitán Britania dentro de su colección Marvel Héroes al precio de 42 euros.

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