¡Cage! – Blaxploitation al límite

Ahora que la industria del cómic parece rendirse con tanta facilidad a las historias y a los aspectos que tienen sus personajes cuando saltan al cine o la televisión, da gusto leer versiones que no intentan sacar ventaja de esas revisiones populares. ¡Cage! es, en ese sentido, un de esas rarezas en las que da gusto detenerse y deleitarse. Primero porque es un cómic largamente esperado y pospuesto que finalmente se hizo realidad. Y segundo porque coge al Luke Cage de siempre y nos lo devuelven cuando ya pensábamos que formaba parte de un pasado que no volvería. Esto es Blaxploitation llevado al límite, de la mano del inimitable Genndy Tartakovsky.

Dado que el autor de ¡Cage! no se ha prodigado tanto en el cómic como en el mundo de la animación, quizá sería bueno recordar que estamos ante el tipo que levantó series como El laboratorio de Dexter, Samurai Jack o Star Wars. Las guerra clon, la primera, la de los microepisodios y no la más larga de animación por ordenador con la que Lucasfilm, quién sabe por qué, ha querido enterrar a la que hizo Tartakovsky. En otras palabras, estamos ante un tipo visualmente atrevido, que se aleja por completo del realismo pero que consigue siempre imágenes atrevidas y atractivas. ¡Cage! no solo no es una excepción en esta definición del autor sino que se trata de una perfecta muestra de lo que es capaz de hacer.

Vuelta a los 70

El primer gran acierto de este revival del Luke Cage más tradicional es que la historia está ambientada en el Nueva York de los años 70. Y no es que estemos ante una historia urbana, ni mucho menos, porque parece casi una mezcla del mencionado Blaxpoitation que Cage llevó al cómic como Shaft lo hizo al cine con La isla del doctor Moreau, pero saber dónde estamos reconforta. Al menos para el lector más clásico, el que busca al Luke de pecho descubierto, camisa amarilla y cadenas en la cintura. El que busque la estilización audiovisual moderna se va a llevar una sorpresa muy grande, porque Tartakovsky no parece ni siquiera haber visto la serie de Netflix. No le hace falta, porque Cage ya estaba aquí antes de esta moderna era audiovisual.

No es que ¡Cage! sea la reinvención de nada, ni mucho menos, porque, en realidad, no es más que un simpático jugueteo de un autor con un personaje que, con todo, sigue estando en la segunda fila del universo Marvel, muy por detrás de los pesos pesados de la editorial. Pero precisamente por eso, por su falta de pretensiones, por su claro objetivo de homenajear no solo al personaje sino también a la época en la que alcanzó su esplendor inicial, y por su arriesgado estilo visual, se gana de una manera inmediata la simpatía del lector.

Animación enfrascada en viñetas

Al Tartakovsky dibujante se le reconoce claramente su formación como animador y su más que particular estilo. Hay mucho de eso en ¡Cage!, y eso provoca que estemos ante una lectura trepidante. El libro se pasa en un suspiro. Sus viñetas grandes, sus escasos diálogos, el movimiento que hay en cada secuencia, todo está pensado para que haya una dinamismo, una adrenalina y un desenfreno de grandes proporciones, para que el tebeo se pase en un suspiro, casi sin darnos cuenta de que Tartakovsky ha introducido una serie de cameos importantes en la historia, todos ellos de personajes que además encajan en el perfil de Luke Cage y en el momento temporal en el que se desarrolla el relato, y que en realidad la excusa argumental es bastante escasa.

¿Pero para qué más, en realidad? Si de lo que se trata es de ver a Cage en acción. No estamos ante el más inteligente de los personajes superpoderosos del universo Marvel. Estamos ante un héroe de alquiler que piensa con los puños, y por eso Tartakovsky se centra en lo que tiene que funcionar: en los golpes, en la acción, en una trama que inevitablemente tiene que desembocar en un combate definitivo y que, por supuesto, sirve para ensalzar el papel de Cage entre el panteón superheroico de la editorial. No hay más que ver el final de la historia para comprobar el cariño que profesa el autor hacia el personaje.

¡Dulce Navidad!

SI no fuera así, la historia probablemente habría sido diferente, no se habría ambientado en los 70, no aparecerían Misty Knight o Puño de Hierro (qué demonios, ni siquiera Dazzler) ni escucharían ese “¡dulce Navidad!” tan característico del personaje. Pero es que ¡Cage! no es una obra pensada para subirse a la cresta de la ola contemporánea, sino para rescatar del olvido una era imprescindible para entender cómo fueron haciéndose un hueco en el mundo del cómic los personajes negros. Luke Cage siempre fue uno de los destacados en ese sentido, y que Tartakovsky nos lo recuerde de esta manera tan entretenida, rescatando uno de esos proyectos que podrían haber caído en el olvido, es una pequeña gran gozada para el aficionado.

Panini publica ¡Cage! dentro de su Colección 100% HC y al precio de 15 euros.

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