Agentes de SHIELD, crítica de la temporada 4: Divide y vencerás

Si no eres capaz de hacer una temporada de 22 episodios donde se mantenga el interés y la tensión, divídela en tres series. Eso debieron pensar los guionistas de Agentes de SHIELD al llegar a su cuarta temporada, tras una segunda en la que la presentación en el MCU del concepto ‘Inhumano’ resultó muy pobre y una tercera con un rumbo errático. Pero en su cuarto intento la serie encontró una Santísima Trinidad que funcionó: magia, robots y mundos alternativos.

A priori, estos tres son elementos que en los cómics tienden al engaño del lector. Muere un protagonista… y números después nos desvelan que era de otra tierra, o de otro tiempo, o un Señuelo Dotado de Vida (SDV), o un alienígena que adopta distintas formas, o un hechizo de cambio de apariencia… Así que, ¡qué demonios! ¿Por qué no utilizarlo en la serie si entretiene al espectador? ¿No parte la ficción, como la magia, de la premisa de que el espectador participe de la falsedad creyéndosela?

La cuarta temporada de Agentes de SHIELD tiene un primer tercio en el que sale al encuentro un espectacular Ghost Rider, que los que gustamos de los cómics clásicos tenemos que dejar de llamar Motorista Fantasma. No, no es el Johnny Blaze al que encarnó Nicolas Cage (dos películas de infausto recuerdo), sino Robbie Reyes, al volante de un bólido clásico. La presentación del icónico personaje, su trama emocional con su escasa familia y los tira y afloja que mantiene con SHIELD (y con Quake) mantienen al espectador al borde del sofá. Los efectos especiales, aún mejores que los de los largometrajes mencionados, y la interpretación de Gabriel Luna como el cabeza llameante le dan toda la credibilidad que el personaje necesita. El libro mágico que todos desean conseguir (el Darkhold) y los fantasmas sirvieron además de primer contacto con el mundo mágico marvelita, desarrollado casi a la par con el estreno cinematográfico de Doctor Extraño.

Una mitad profunda pero deslavazada

El segundo tercio de la temporada, que en Estados Unidos empezó justo tras el parón navideño, se ancla en lo anterior gracias al Darkhold, que funciona como el hada azul de Pinocho: puede ser empleado para dotar de vida a los robots (el MCU ya se apoyó más claramente en la famosa película de Disney cuando vimos al villano cantar una de las canciones de la marioneta en Vengadores: La era de Ultrón). Esta segunda trama, posiblemente la más floja de las tres, acude por un lado a una metáfora contra el racismo (en este caso, representado por el movimiento anti-inhumano), al tiempo que critica el cinismo y las mentiras de la política en general.

Al tiempo que se presenta a Mace como Patriota (Jason O’Mara), con esa habitual (y aburrida) lucha por el control de SHIELD que llevamos viendo (y sufriendo) desde la seguda temporada, cobra un protagonismo absoluto Aida, el SDV aparentemente inofensivo cuyo grado de maldad está a la par que la frialdad de su maquinaria robótica. Además de la espléndida interpretación de Mallory Jansen, este segundo arco argumental encierra una ancestral pregunta filosófica y todas sus derivadas: ¿Qué nos hace humanos? ¿Ser de carne y hueso? ¿Un etéreo alma? ¿La autoconciencia y el libre albedrío? Aida trata de averiguarlo sin que las posibles consecuencias la detengan.

Un final politizado

El último tercio de la temporada se desarrolla en dos frentes: el “mundo real” y el mundo virtual. Inspirada sin tapujos en esa obra maestra que es Matrix, la trama ha llevado a Aida a secuestrar a algunos de los agentes de SHIELD en un mundo digital del que no pueden escapar… ni lo pretenden, puesto que no son conscientes de estar allí y sus recuerdos han sido borrados – algo similar a lo que pide Cifra en la película de los/las Wachowski a cambio de traicionar a Morfeo y los suyos. La otra parte del equipo de Coulson intenta acudir al rescate, algo mucho más complejo de lo que a priori parecía. El SDV, a la postre, acaba mirando muy de cerca lo peor del género humano: los celos, la venganza, el rencor, el odio, el miedo.

Quizá lo más interesante de este tercer tramo es la alegoría con la política estadounidense. Este mundo virtual casi orwelliano, gobernado por Hydra, bebe en gran medida de declaraciones e ideas del que entonces llevara unos pocos meses en la Casa Blanca, Donald Trump. La alusión a “hechos alternativos” – como la Administración Trump llamaba a sus versiones de la realidad opuestas a las de la prensa -, a “hacer a la sociedad grande de nuevo” – casi calcado del eslógan de campaña del magnate -, o el uso del miedo como herramienta política arraiga en ese dictatorial estado de Hydra, que a su vez se compara con el régimen nazi. El guión pone sobre la mesa un claro silogismo: si Trump es como Hydra, y si Hydra es como los nazis… Complete usted mismo.

Por lo demás, los habituales protagonistas de la serie cumplen su papel. Coulson (Clark Gregg) mantiene su calidez y May (Ming-Na Wen) su frialdad, Simmons (Elizabeth Henstridge) gana en decisión y fortaleza, Fitz (Ian de Caestecker) deberá enfrentarse con su lado más oscuro y las consecuencias de sus acciones en la quinta temporada, y Skye (Chloe Bennet) sigue siendo la que más desentona en cuanto a interpretación, pese a haber sido el foco de la serie desde su mismo inicio. Mención especial para Mack (Henry Simmons) y Yo-Yo (Natalia Cordova-Buckley), que son capaces de insuflar a sus personajes de la marcada emotividad que esta temporada tenía reservada para ellos. La velocista tuvo además su propia miniserie web a lo largo del año.

En definitiva, la cuarta fue sin duda la mejor temporada hasta la fecha de Agentes de SHIELD. Lograron hacer tres pequeñas series en una, dejando que lo que nacía como trama secundaria fuese ganando protagonismo hasta convertirse en la principal, gestándose a su vez otra secundaria que encararía el gran final de curso. El productor ejecutivo de la serie, Jeffrey Bell, ya adelantó que la quinta temporada puede ir por el mismo camino de diversos arcos argumentales. Es evidente que la cadena ABC necesita que la serie crezca tras el fiasco de Inhumans y la cancelación de Agente Carter. ¿El estreno de la quinta temporada? Este mismo viernes 1 de diciembre. Te dejamos el avance a continuación:

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Javier Collado

Marvelita sin complejos, crítico del ‘Mefistazo’ y amante de la Edad de Plata