Crítica de El corredor del laberinto: La cura mortal

Crítica de El corredor del laberinto: La cura mortal – Dirigida por Wes Ball – Escrita por T.S Nowlin – Protagonizada por Dylan O’Brien, Kaya Scodelario, Thomas Brodie-Sangster, Ki Hong Lee, Aidan Gillen, Giancarlo Esposito, Patricia Clarkson, Nathalie Emmanuel – Productora y distribuidora: Twentieth Century Fox

 

Se acabó el correr

Wes Ball cierra su querida trilogía de El corredor del laberinto con unas dosis de acción trepidantes como primer plato para suplir las carencias de guión que presenta el largometraje. Claro que, por otro lado, solo demuestra que esta tercera entrega continúa exactamente al mismo nivel que sus dos anteriores predecesoras. De hecho, grosso modo, La cura mortal es una recopilación de lo ya visto en la primera y segunda parte de la historia. Llegando con unos años de atraso, Ball ejecuta en esta clausura un juego similar al que realizó Paul W. S. Anderson con  la última entrega de su querida franquicia de Resident Evil, es decir, hace girar absolutamente todos los acontecimientos alrededor del personaje principal, Thomas, dejando bastante de lado a los secundarios y provocando que estos, de forma indirecta, parezcan simples comparsas que solo son utilizados como meras marionetas para realzar la importancia del personaje principal. Lo que, en consecuencia, provoca un sinfín de momentos dramáticos innecesarios –o demasiado exagerados- para que Dylan O’Brien, el encargado de dar vida al ya nombrado Thomas, pueda lucirse y sobrepase a sus compañeros solo porque él es el protagonista. Aunque eso no es sinónimo de que su actuación deba ser la mejor. En realidad, O’Brien se ve ensombrecido por las impresionantes incisiones de Thomas Brodie-Sangster que repite el papel de Newt una vez más. Demuestra mucha más soltura a la hora de meterse en el personaje y en esa atmosfera tan oscura por la que están atravesando en este clímax de la trilogía.

 

 

Si bien es cierto que el guión deja bastante que desear y que tiene los mismos vacíos que presentaban sus predecesoras, Ball logra una mezcla de géneros muy bien conseguida y acertada en todos y cada uno de sus actos. Empezando por un inicio que extrae la esencia misma de Mad Max, hasta llegar a unos puntos tan oscuros que parece que la mismísima 28 días después se haya colado en el metraje al representar unas escenas verdaderamente terroríficas con los infectados y que, de un modo u otro, rescatan parte de la esencia de esa película. Incluso su secuela, 28 semanas después, también está presente en el desarrollo del tercer acto. El corredor del laberinto: La cura mortal es desde luego un recorrido por el cine de género asombroso, pasando por los monstruos y terminando por los psicópatas que se convierten en una especie de serial killers por su ansia de control y de dominio sobre los demás. Es un gran punto a favor el que consigue aquí La cura mortal. Pero eso no es suficiente para levantar el peso de las pobres actuaciones y los giros de guión gratuitos que solo se emplean para intentar llegar como sea posible hasta el final de la historia. Obviamente es una adaptación de la novela, y el cine pocas veces logra captar la imaginería de las páginas de un libro y transportarlas, a gusto de todos, a la gran pantalla. Pero esta tercera entrega peca de querer contar demasiado y acaba siendo una cinta de acción más con un fondo fantástico brillante sin terminar de explotar. Una elaboración excelente en cuanto a forma, pero vacía en significado y en profundidad.

 

 

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